Blogia
kamala in Patmos

Cosas del corazón

Un sueño

Un sueño

Nota.
Quiero hacer una pequeña modificación porque no me expresé bien. Cuando en el sueño giraba la cabeza para mirar a mi hermana que estaba sentada a mi lado, la veía a ella, otra persona. Estaba en los asientos de la parte izquierda del autobús. Y mientras mi hermana hablaba, yo la miraba a ella.
Algunos habéis entendido que se trataba de mi hermana y... ufff, sólo pensarlo se me encoge el estómago.

Cuando me voy a la cama, casi nunca tengo ganas de dormir. Por eso creo que paso tanto tiempo pensando hasta que logro conciliar el sueño.

No estoy muy segura de por qué hay días que soñamos y otros no. Tampoco de si lo hacemos todos los días pero sólo recordamos algunos de ellos. Pero lo que sí me parece extraño, es soñar varias veces con lo mismo, y esto me viene pasando desde hace unos meses.

Hoy lo he estado hablando con mi profesor de inglés. El tópico era los sueños, y me ha preguntado que si suelo hacerlo a menudo. Y... no sé por qué, le he contado ese sueño que me persigue -tiene algunas variantes, pero el trasfondo es el mismo-.

Subo al autobús, y me siento cerca del final. Me parece que es mi hermana la que está a mi lado, en el pasillo y yo en la ventana. En los asientos de delante, se encuentran dos de mis primas, y charlamos, nos reímos. Cuando giro la cabeza hacia la izquierda, para mirar a mi hermana que en ese momento tiene la palabra, la veo a ella. Me mira, me echa una media sonrisa, y me guiña un ojo. Yo al principio la observo asustada, porque me resulta raro verla, sé que ha muerto. Pero cuando me guiña el ojo, entiendo que no está ahí en el autobús porque esté viva en realidad, si no que me quería saludar de algún modo.

Con ese gesto me dice muchas cosas. Me dice “no te olvido” (¿o debería ser un “no me olvides”?), “estoy contigo”, “recuérdame”...

Al poco tiempo me despierto, y lo hago con una sensación agradable.

Nunca me he planteado si noto que alguien que ha fallecido, está conmigo. Tal vez porque no me ha faltado nadie hasta ahora, pero sé que hay personas que sí se sienten acompañadas.

Pero un día, al poco de morir, tuve un examen. No había estudiado mucho la verdad. Había cosas que me sabía mejor, otras peor y el examen era de los difíciles. Cuando me senté a hacerlo, empecé muy bien, pero terminé fatal. Y mientras regresaba a casa, estaba medio enfadada con ella, porque no me había ayudado.

Sé que es una tontería, pero a las dos semanas, cuando salieron las notas, vi mi aprobado. Se habían confundido al puntuar el examen, algo que no ocurre prácticamente nunca. Yo me di cuenta de que se trataba de un error, pero no iba a ser tan tonta de ir a decírselo al profesor... Pero sí que recuerdo que me alegré mucho. Miré la nota, sonreí, y le di las gracias mentalmente. Noté (y me gusta pensar así) que ella me había echado una mano.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

Adormecida

Adormecida

A veces creo que... podría dejarme llevar un poco. No sé, salir un día, y sin pensar, si surge, irme con el primero que me llame la atención. A ver qué pasa. Qué cambia en mi.

Pero luego pienso, que no sé qué será mejor. Sentirme especial y querida por una noche debe de estar bien. Pero me da miedo la mañana siguiente.

Y también temo el durante. No sé si me dejaría llevar, o me echaría a llorar pensando que es con otro con quien quiero estar.

Saliendo de mi vida

Saliendo de mi vida

Ayer no fue un día muy agradable. Recuerdo que hace cinco años (madre mía cómo pasa el tiempo), empecé a salir con Sam. El 30 de marzo era nuestro aniversario, pero no sé por qué se me quedó grabado el día 28 y siempre que se acercaba la fecha, tenía que detenerme a pensar bien cuál de los dos era nuestro día. Por eso ayer me levanté algo rarita. Me puse a pensar en lo contenta que estaba yo por aquella época. En lo feliz que me sentía y en lo mal que estoy ahora.

La mañana pasó como siempre, pero cuando llegué a casa, me dolió otra vez mi hora de las dos y media. Estoy aparentemente tranquila, pero en mi mente hay un reloj que va contando los minutos. Incluso me parece oir el tic tac dentro de mi. Recuerdo una pequeñez sin importancia que me lleva a otra. Después, a otra. Y al final, de tanto pensar, me tengo que tapar la cara para ocultar las lágrimas.

Ese momento me suele pillar en cualquier parte de la casa. Pero de ahí, voy al sofá, donde me tumbo a seguir llorando desconsolada. Llevo cuatro días así, y no mejoro en intensidad. Cada día me pongo más nerviosa... Y si lo acompaño de música, lo llevo aún peor, pero por lo menos nadie me escucha llorar.

El primer día me preocupé por la cara que se me quedó. Todo el mundo iba a notar que había estado llorando, pero como nadie me dijo nada, ahora ya ni me molesto en disimular. Me lavo la cara con agua fría y me seco los ojos. Pero lo que no se va es la expresión triste de la mirada.

Ayer... se me fue un poquito la lengua, y dije cosas que mejor me hubiera guardado para mi. A él le hago tanto daño como me lo estoy haciendo a mi, por eso hemos decidido que es mejor separarnos. Por un lado me da pena que hayamos tenido que llegar a estos momentos en los que me pongo... hecha una fiera, desquiciada. Pero es que me sube una impotencia, unas ganas de cambiarlo todo que... no puedo evitar callarme. Y mientras le digo cosas que le duelen, soy yo misma la que empieza a llorar por ver cómo me comporto. (Lo siento tanto.... tanto.....).

Por la tarde tuve muchas cosas que hacer. Lo primero, un puré que no me quedó nada bien. Pero no importa, sólo lo voy a comer yo. Y después, la verdad es que no recuerdo. Tenía trabajo acumulado de la universidad, y estuve entretenida, pero cansada de mi y de mi vida.

Por la noche recibí una llamada de una persona que me dio una mala noticia. No sé, parece que no levanta cabeza tampoco. Y yo no puedo hacer nada por cambiar lo que le ocurre. Sólo pueden los médicos.

Después de hablar con él, leí una notita de mi personita especial, que me dio mucha pena otra vez... Pero es lo mejor. Así que, me senté en el sofá a continuar escribiendo cosas de la universidad mientras esperaba a que llegara mi madre del trabajo.

No llevaba ni cinco minutos sentada, cuando vuelve a sonar el teléfono. Era ella. Tranquilizándome, me dijo que estaba bien, pero que le habían robado el bolso. Salía del metro, y uno pasó corriendo por su lado, y se lo llevó. Aunque mi madre lo sujetó con fuerza, el asa se rompió. Bueno........ no sabéis la impotencia que sentí de nuevo. A mi me puede pasar cualquier cosa, pero no soporto que le pase a ella nada. A ella no. ¡Que nadie la toque! Ella... que llegaba cansada de trabajar, una persona honrada... con dolor físico, deseando llegar para estar en su casita... No sé. Ésto sí que me partió por la mitad.

Salí de casa corriendo para que no estuviera sola. Mientras corría, iba pensando que ojalá me lo encontrara en ese momento. Le hubiera molido a golpes (probablemente no habría hecho nada. Tal vez insultarle, pero no pegarle. Lo que pasa es que, ya se sabe, la violencia engendra violencia, y yo llevo una temporadita que atiendo poco a razones.)

No había ni un alma por la calle. Cuando llegué, mi madre estaba con Saturno en el coche. Íbamos a dar una vuelta por si podíamos recuperar algunas cosas. A lo mejor el ladrón había tirado el bolso tras coger lo que le interesara. Pero después de un buen rato rastreando la zona, no hubo éxito.

Ahora toca dar de baja.... repetir carnets... hacerse una gafa nueva.... cambiar la cerradura.... Cambiar la cerradura. Qué casualidad. A él también le han robado hace unos días, y ha tenido que cambiar la de su casa. Y ayer justo, después de despedirnos, me ocurre a mi lo mismo.... Pienso que es como... cerrarnos la puerta de nuestras vidas. No lo sé, una tontería pero... entre la canción de volver, y lo de la puerta... parece que se aleja definitivamente de mi.

Hoy ya no he llorado a esta hora. Creo que voy a buscarme algo para mantenerme ocupada a estas horas y no pasarlo mal. Cada uno se cuida como puede. Yo tengo que engañar a mi mente buscándola cosas para hacer. Me da pena no contarle en persona lo que pasó ayer, por ejemplo. Me gustaría decirle lo que sentí al ver a mi madre, cómo estaba. Que la vi muy guapa, tan alta y delgada, pero pasándolo mal. Me hubiera gustado ser ese hombre que la consolara. Me gustaría contarle más cosas de ella para que me ayude a ayudarla. Por que sé que él puede. Pero como llevo unos días tan enfadada con la situación, ni siquiera le he podido comentar nada. Él lo entendería. Me conoce a mi, y mi madre es muy parecida...

Y me da rabia que le haya pasado ésto anoche a mi mamá, justo después de la conversación tan importante que mantuvimos el día anterior. Es frustante cuando luchas por hacer lo mejor, y de repente pasan cosas que te hunden. Podréis pensar que sólo ha sido el robo de un bolso, pero conlleva muchas cosas. Los miedos, el trato de la gente, la desilusión, el no tener a alguien a tu lado, el no poder hacer nada...

Le he dado muchos abrazos desde anoche, y hoy me lo ha agradecido "mi nena cómo me cuida y cuánta compañía me hace". Y yo siento que para mi es poco. Que ojalá pudiera hacer aún más por ella. Evitar que sufra. Decidme, ¿se puede construir un mundo mejor para los mayores? No sé, estoy harta de escuchar que yo soy el futuro para los que han de venir. ¿Pero y de los que quedamos quién se ocupa?

Bueno... hoy sigo triste, pero por lo menos no he llorado aún. Estoy demasiado enfadada con el mundo como para llorar. Pero.... me duele el nudo en la garganta...


Powered by Castpost

Volver


Powered by Castpost

Odio esta hora del día. No puedo con esta hora. Se me hace eterna. Me recuerda demasiado. No puedo con ella.......... Me parte por la mitad............

11 de Marzo de 2004

11 de Marzo de 2004

Hoy se cumplen dos años del 11M. Me apetecía contar cómo fue aquel día para mi, y los siguientes, para no olvidarlo.

Recuerdo que estaba durmiendo y sonó el teléfono. Me levanté sobresaltada pensando que me habría quedado dormida y que serían las tantas de la mañana. Pero no, sólo eran las 8:45. Levanté el auricular somnolienta, y un poco asustada, porque era raro recibir una llamada de esa persona a esas horas. Me dijo que si estábamos bien mi hermana y yo, que había habido un atentado en Atocha. Yo no me lo podía creer. Tras colgar, puse la tele y ya no me pude despegar de la pantalla.

Sólo veía imágenes, y cambiaba de canal una y otra vez porque quería enterarme de todo. Empecé a oír el resto de explosivos colocados en El Pozo y la calle Téllez. A los pocos minutos llegó mi hermana del médico, y nos pusimos a hablar. Ella se había enterado de todo porque al ambulatorio estaban llevando gente con heridas leves, y algunas personas que se habían enterado de lo sucedido, lloraban.

Era una situación de total impotencia. Después del primer shock, llamé a mi madre que estaba ya en el trabajo. Siempre recurro a ella aunque sabía que no coge el tren para ir a trabajar (sólo pensar que también podría haber bombas en el metro se me ponía un nudo en la garganta). Nos tranquilizó y nos dijo que se había enterado, pero que estaba todo el mundo bien. Se refería a mi familia, ya que uno de ellos tomaba esa línea y otra hacía transbordo allí. Así que hubo suerte. Mi padre entraba a trabajar más tarde que cuando estallaron los explosivos. Mi prima, aquel día entraba una hora más tarde (¿casualidad?) y mi tío, perdió el tren en el que iba la bomba de El Pozo. Cuando llegó al andén le prohibieron coger el siguiente porque algo había ocurrido. Yo, aunque estaba asustada, estaba tranquila con respecto a mi familia. Sabía, no sé por qué, que todos estábamos bien.

Bueno... toda la mañana estuvimos pegadas al televisor mi hermana y yo. Ni siquiera podía llorar. No podía creer que eso le estuviera pasando a Mi Madrid. Me volvía loca mirando todas las caras por si reconocía a alguien. Hablé con una amiga de inglés, que sabía que vive justo en esa línea de Renfe, pero estaba bien. Ese día, cogió el coche en lugar del tren (........ espeluznante....).

Fue un día de total impotencia, porque no sabía qué hacer, y lo necesitaba. También de admiración, porque como si se tratara de un acuerdo tácito, todo el mundo se puso a la altura de las circunstancias. Todo el mundo se apoyó en todo el mundo. Gente ayudando, los bomberos, la policía, personas que se acercaban a donar sangre... Y el cariño que llegaba de todas partes de España.

A la 13:30 recibo un mensaje de Cabecita Loca. Pensé que sería para decirnos que sabía que estábamos bien, pero no. El texto decía "chicas, no sé si sabéis que ya han nacido los gemelos". Me quedé con una cara de tonta... Fue algo que tampoco esperaba.

Por la tarde fui al hospital (en taxi) con mis primas, y el ambiente era muy muy triste...... También habían llevado a la maternidad a algunas personas del atentado, y se oían muchas historias. Me contó mi tía (la que dio a luz) que cuando llegaron a las 7:45 de la mañana y mientras esperaban a que la atendieran, empezaron a llegar ambulancias. Una chica iba en una camilla. Al salir del ascensor, le dijo al médico que le dolían mucho las piernas. Él levantó la sábana que las cubría, y no vio nada................

Supongo que habréis oído casos como éste. Los días sucesivos, te vas enterando de gente que conoces que podría haber tomado ese tren. A mi un caso que me llamó la atención fue el de dos hermanos amigos de mis primas. Tenían que coger el tren, pero uno de ellos se retrasó, y el pequeño le adelantó. Ese día no viajaban juntos. Cuando el hermano mayor iba a coger el siguiente tren, le anuncian que no lo podía tomar, porque en el anterior había estallado una bomba. Madre mía... imagináos el cuerpo que se le quedaría al chaval. El caso es que milagrosamente, al chico no le pasó nada, porque el explosivo que acabaría con su vida y con la del resto de personas que ocupaban su vagón, no esplotó.

Al día siguiente, viernes, fue la manifestación. Fue lo mínimo que pude hacer, porque yo tenía que hacer algo. ¿Solidaridad? no sé, pero tenía que estar allí. Aquello fue increíble, impresionante. Había muchísima gente, todos unidos por algo común. Nos juntamos todas las razas, todas las edades. Y llovía a cántaros. El cielo estaba negro, lloraba con todos nosotros. Nos valíamos de palabras, esa era toda nuestra lucha. Una de las cosas que más me emocionaron fue un momento de la manifestación, cuando escuché por primera vez eso de "¡no estamos todos, faltan doscientos!". Increíble, fue increíble. Es algo que jamás olvidaré. Me cuesta contarlo, pero dentro de mi tengo mil sensaciones.

Cuando iba a la manifestación, cogí el metro. Era la primera vez que lo hacía después de lo sucedido, y se notaba que todos estábamos temerosos. A pesar de estar totalmente lleno -cada línea abarrotada de gente- había un silencio y unas miradas de unos a otros, que entendíamos completamente qué significaban. Mirábamos todos los bultos y mochilas que había por el suelo, porque nadie nos aseguraba que no fuera a pasar nada más ese día, aprovechando la manifestación...

Llegué a casa empapada de agua. Me había mojado hasta la ropa interior. Pero no me importó.

Creo que ésto ha sido una de las peores cosas que he vivido. No me ha afectado a mi directamente, pero te hace mucho pensar. También tenía que dar gracias, porque a nadie de todo el mundo que conozco, le pasó nada. Gracias porque aquel día había huelga en la universidad, y menos mal...... porque conozco a mucha gente que se vale de ese medio para ir.

Tres días después, elecciones. Y me tocó en la mesa electoral de presidenta. Fue muy triste ver cómo se acercaba una familia a votar, pero su hija no se encontraba entre ellos. Había perdido la vida. Y recuerdo que pensé que seguramente no tendrían ganas de salir de casa ni de ver a nadie. Pero allí estaban, en un intento de dar la cara, y de impedir de alguna manera, que lo del día 11 de marzo de 2004, no se volviera a repetir.

Feliz Navidad

Feliz Navidad
¡¡¡¡Feliz Navidad!!!!


Sé que llego con el tiempo justo para escribir la felicitación, pero aquí estoy...

Es curioso, cuando era pequeña el tiempo se me hacía muy largo. Desde el último día de colegio hasta la Nochebuena, pasaban por lo menos unos seis días, pero... no eran más que tres. Sin embargo ahora no tengo tiempo para nada. Un día lo reservas para hacer la cena con los amigos, otro para ir de compras y el último para terminar con los preparativos de la cena.

Ayer pasé una mañana agradable. Lo malo de estar tan ocupada hasta el día de la fiesta, es que no te das cuenta de que ya ha llegado. Todos los días parecen iguales. Así que me fui al centro, para rodearme de Navidad. Empecé por Gran Vía, donde paré a charlar un rato con una amigo. Después, con mi música, fui andando hasta Cibeles. Y me encantaba la sensación de estar rodeada de gente, pero yo en mi mundo.

En el Paseo de Recoletos ponen unos puestos artesanales todos los años. Y a mi me encanta todo. ¡Lo quiero todo! Compré varias cosas, entre ellas un anillo precioso que le voy a regalar a mi hermana esta tarde. Me gusta tanto que me encantaría quedármelo. Descubrí también dos tiendas de juegos antiguas, esas que son de madera y lo que venden son casi reliquias. Vi un parchís que tenían mis primos cuando éramos pequeños, era de los pitufos y me transporté a aquellos días sin querer. Vi mil puzzles, pero justo el que yo quería, ya no lo vendían... El dependiente, era un señor que adoraba su trabajo. Esas cosas se notan. Entré y le pedí que me enseñara algún juego, y nos pusimos los dos manos a la obra. Fue divertido, y me hizo reír.

Pero bueno, yo venía aquí a felicitaros a todos las fiestas. Espero que lo paséis bien y que disfrutéis. Haced que los demás se sientan a gusto en vuestra compañía. Pensad en las personas que os gustaría tener a vuestro lado en ese momento y que no están, porque así las sentiréis más cerca, pero no dejéis que os ponga triste el recuerdo. Compartidlo con los demás si es necesario. Brindad en la distancia por los amigos nuevos y pensad en los que aún quedan por venir. Y no os olvidéis de que todos somos únicos, especiales, y que probablemente alguien añore nuestra compañía este día.

Un abrazo sincero.

Pensando para conciliar el sueño...

Pensando para conciliar el sueño...
Anoche escribí esto sobre las 3 de la mañana. Me hubiera gustado colgarlo, pero blogia no me dejaba. Lo hago ahora.

Llevo unos días que estoy bien, más animada. Después de esos propósitos y ganas de cambios... voy mucho mejor, en serio.

Pero ahora... no puedo dormir. Mi sino, lo de toda la vida.

Me he puesto a leer viejos emails que me ha mandado Ojos Tristes. No sé a qué venía el hacer eso con lo bien que estaba yo, porque sé de sobra que siempre que leo o pienso en ciertas cosas, me pongo tristona...

Cuando era pequeña y no podía dormir, llamaba a mi madre llorando, y ella me calmaba. Me decía que si quería un muñeco, pero yo lo rechazaba, me agobiaba dormir con ellos. Después de haber leído, me quedaban pocas cosas por hacer para intentar conciliar el sueño, y me decía que pensara en cosas bonitas, o cuando nos íbamos a la playa y jugábamos con los primos...

Eso he hecho ahora, pensar en la playa para evitar que él vuelva a aparecer. Justamente en este verano que aún está cerca. Me acuerdo de uno de los días especialmente, cuando Cabecita loca y yo esperábamos a que mi hermana y mi madre terminaran de comprar. Nos pusimos a charlar sobre la película de “El príncipe de las mareas”, que es una de mis favoritas y esa noche la emitían otra vez por televisión. Ella, que es tan expresiva como yo, me contaba emocionada alguna de sus partes, como cuando los protagonistas bailan abrazados... las palabras de Lowestein, Lowestein... y yo añadí esos momentos en la mecedora, o cuando a ella le basta una imagen para saber que algo anda mal.

Esta película, como casi todas las que me gustan, me recuerdan a él. No sé por qué, pero así es. En ese momento, nos quedamos calladas, y empezó a sonar una canción en el dial del local que me encanta “you belong to me” pero cantada por un hombre. Me pareció una casualidad y le dije “ay mira qué canción, ¡¡me encanta!! ¡¡es que es tan bonita...!! ¿¿la conoces??” y me puse a tararearla. Cabecita loca se rió y me dijo “sí, pero no llores”, vaya, yo no lloraba, pero tal vez la emoción de la película me pilló un poco tonta, y se me humedecieron los ojos...

Otro día, al llegar de un viaje, la luna estaba preciosa. Nunca la había visto igual. Ella estaba también conmigo, y mirándola se puso triste acordándose de un amor... Yo miré, y me quedé un tiempo parada observándola. No sé qué me gustaba más, si la luna llena o el reflejo que dejaba en el mar, y claro... era inevitable que él estuviera en esos momentos en mi mente. Siempre él, él siempre. Pero rápidamente aparté la mirada, no quería que Cabecita loca me notara algo rara, emocionada o pensativa.

Unos días después, me inventé una excusa tonta para ir al ciber y hablar con él. Cuando me despedía después de un tiempo de charla, le comenté si había visto la luna la noche anterior -fue algo para recordar de lo bonita que estaba-. Y me dijo que sí, pero que le resultaba extraño que le preguntara eso, nunca habíamos hablado de la luna. Aquí tomé valor y lancé otra pregunta “¿pensaste en mi?”. Después de un carraspeo... dijo que... sí, que me había paseado por sus pensamientos. Creo que no hubo nadie en el cibercafé que se quedara sin ver mi sonrisilla.... ¡Qué bonito!, una vez más, a pesar de estar tan lejos, nuestros pensamientos habían estado muy próximos.

También me acuerdo, ya en Madrid, que escuchamos Luna y yo una canción en la tele que no habíamos oído nunca. Escuché de principio a fin, estuve atenta a la letra y... volví a emocionarme, decía tanto de mi... Algo así como que siempre, pase lo que pase, le llevaría en su pensamiento. Y de nuevo, al terminar, me volví hacía mi hermana y le dije “¡¡qué bonita!!” y me respondió que no llorara. ¡No lo estaba haciendo! ¿qué pasaba?

Pero la primera vez que me ocurrió algo así fue un día de invierno, en diciembre. Estaba con mi madre mirando regalos de Navidad, y en Fnac vinos un libro sobre enfermedades y su significado. Por aquel entonces, me dolía mucho la espalda, llevaba ya unos meses así, y también tenía dolores en el abdomen. Mi madre leyó en voz alta, pero antes de escucharla ya le estaba diciendo que era una tontería y que no me creería nada de lo que dijera un libro. Pero los dos “males” estaban relacionados con la falta de amor. No sé, todo pasó fugaz por mi mente. Pensé en fracciones de segundo en que tal vez fuese verdad, que me iba haciendo falta tener una persona... yo que soy así... tan cariñosa... romántica... y Ojos Tristes, aunque ya estaba en mi vida, tampoco podía ser... y yo quería que fuera él... Lo deseaba con todas mis fuerzas. Mi madre, que no sabe nada sobre su existencia, me dijo que si estaba bien, que tenía los ojos llorosos –¡qué traicioneros son!-. Y medio en broma medio en serio, me preguntó que si sentía alguna falta en ese terreno, pero más bien se refería al cariño en general. Le contesté que no, que estaba muy contenta y que me sentía querida. Pero sé que fui una cobarde, porque sabía que si le explicaba que la falta era debida a otro tipo de amor, hubiera bastado un simple comentario... leve... para empezar a contarle todas las cosas que me encantan de él. Si es que es...

Y aunque un poco cansada, aún sigo sin sueño. Pero jolín conmigo, sí que me he puesto a recordar estas cosillas que no debía, con lo bien que estaba yo... Bueno, sigo bien, pero... no sé, me da penilla y lo cuento aquí por desahogarme un poco.

Un amigo me dijo un día que, si no podía olvidarle, que luchara por él, que era la otra opción. Me sonó a chino, yo nunca he luchado por casi nada –quitando los estudios- y me di cuenta de que no sabía luchar. Me dediqué a estar, simplemente a estar. Porque eso está muy claro... no sabemos si algo va a pasar o no, pero lo que sí es seguro es que para que ocurran las cosas, hay que estar. Yo sólo he hecho eso durante todo este tiempo.

El otro día me dice Corazón de León que él no es como yo, que no cree en la media naranja, ni que exista un solo alguien para otro alguien. Que no hay una sola persona para cada uno, sino que hay varias. Bueno... no sé si le alegrará saber que seguimos de acuerdo, porque yo tampoco lo creo. Debe haber muchas más personas afines a nosotros. Pero más bien... me conviene pensar eso, porque de no ser así, significaría, que yo he perdido a mi persona...

Me voy a la cama. Es tarde.

Tiempos de cambios

Tiempos de cambios
Hace unos días, Ligre me dijo que está esperando a que cuente todo aquello que me deja helada. La verdad, no sé a qué se refiere, ni sí lo dice por algo en concreto, pero todos callamos cosas. Siempre.

Creo que se avecinan tiempos de cambios. No me asustan, los espero ansiosamente, porque los últimos meses no han tenido mucho de especiales. Es bueno pararse a pensar qué es lo que no te gusta de tu vida e intentar cambiarlo, porque nadie como uno mismo sabe lo que le conviene.

Cuánto más cambian las cosas, más siguen igual. No sé quién fue el primero el que lo dijo, Shakespeare probablemente, quizá Sting pero de momento es la frase que mejor explica mi momento fatal, mi incapacidad para cambiar. No creo que sea el único...

Cuánto más conozco a las personas, más me doy cuenta de que todos tenemos ese defecto. Quedarnos exactamente igual todo el tiempo que sea posible, quedarnos sin muebles te hace sentir mejor, y si sufres, al menos el dolor es familiar. Porque si sigues esa brizna de esperanza, sales de tu cueva, haces algo inesperado, quién sabe qué otras angustias puede haber fuera. Podría ser aún peor. Mantienes tu “estatus quo”. Eliges el camino que ya conoces y no parece tan malo. No en cuanto a los defectos, no eres un drogadicto, no has matado a nadie, excepto puede que a ti mismo.

Cuando finalmente cambiamos, no creo que sea un terremoto o una explosión, no creo que de repente seamos otra persona. Creo que es más sutil. Algo que la mayoría de la gente no nota, a menos que se fije muchísimo, lo cual, gracias a Dios nunca hace. Pero tú lo notas. En tu interior ese cambio es todo un mundo y esperas que esa sea la personas que vas a ser para siempre. No tener que volver a cambiar nunca
.

Qué cierto es eso de que uno nota el cambio por dentro. Se trata de una pequeñez. A veces se cambia por alguna circunstancia de la vida en la que nos vemos inmersos, sin querer; otras porque no somos felices y nos damos cuenta de que eso sólo depende de nosotros y tenemos que hacer algo; en ocasiones se necesita cambiar para descubrir otras cosas de la vida...

Yo necesito dos cambios sutiles. Uno consiste en ganas por acabar la carrera, y el otro tiene que ver con mis sentimientos.
Los llamo sutiles porque como en el fragmento de la serie Everwood –lo escrito en cursiva- es algo tan insignificante que los demás no lo notan, pero dentro de ti surge un nuevo mundo. No sé qué es lo que ha pasado por mi mente últimamente que me ha hecho fijar esos dos cambios pero... me siento con ánimo de llevarlos a cabo y no puedo hacer otra cosa si no alegrarme. Había perdido el rumbo. Bueno, dos rumbos también. Así que cambiar para mejor, no será malo, ¿verdad?

Tiempos de cambios

Tiempos de cambios
Hace unos días, Ligre me dijo que está esperando a que cuente todo aquello que me deja helada. La verdad, no sé a qué se refiere, ni sí lo dice por algo en concreto, pero todos callamos cosas. Siempre.

Creo que se avecinan tiempos de cambios. No me asustan, los espero ansiosamente, porque los últimos meses no han tenido mucho de especiales. Es bueno pararse a pensar qué es lo que no te gusta de tu vida e intentar cambiarlo, porque nadie como uno mismo sabe lo que le conviene.

Cuánto más cambian las cosas, más siguen igual. No sé quién fue el primero el que lo dijo, Shakespeare probablemente, quizá Sting pero de momento es la frase que mejor explica mi momento fatal, mi incapacidad para cambiar. No creo que sea el único...

Cuánto más conozco a las personas, más me doy cuenta de que todos tenemos ese defecto. Quedarnos exactamente igual todo el tiempo que sea posible, quedarnos sin muebles te hace sentir mejor, y si sufres, al menos el dolor es familiar. Porque si sigues esa brizna de esperanza, sales de tu cueva, haces algo inesperado, quién sabe qué otras angustias puede haber fuera. Podría ser aún peor. Mantienes tu “estatus quo”. Eliges el camino que ya conoces y no parece tan malo. No en cuanto a los defectos, no eres un drogadicto, no has matado a nadie, excepto puede que a ti mismo.

Cuando finalmente cambiamos, no creo que sea un terremoto o una explosión, no creo que de repente seamos otra persona. Creo que es más sutil. Algo que la mayoría de la gente no nota, a menos que se fije muchísimo, lo cual, gracias a Dios nunca hace. Pero tú lo notas. En tu interior ese cambio es todo un mundo y esperas que esa sea la personas que vas a ser para siempre. No tener que volver a cambiar nunca
.

Qué cierto es eso de que uno nota el cambio por dentro. Se trata de una pequeñez. A veces se cambia por alguna circunstancia de la vida en la que nos vemos inmersos, sin querer; otras porque no somos felices y nos damos cuenta de que eso sólo depende de nosotros y tenemos que hacer algo; en ocasiones se necesita cambiar para descubrir otras cosas de la vida...

Yo necesito dos cambios sutiles. Uno consiste en ganas por acabar la carrera, y el otro tiene que ver con mis sentimientos.
Los llamo sutiles porque como en el fragmento de la serie Everwood –lo escrito en cursiva- es algo tan insignificante que los demás no lo notan, pero dentro de ti surge un nuevo mundo. No sé qué es lo que ha pasado por mi mente últimamente que me ha hecho fijar esos dos cambios pero... me siento con ánimo de llevarlos a cabo y no puedo hacer otra cosa si no alegrarme. Había perdido el rumbo. Bueno, dos rumbos también. Así que cambiar para mejor, no será malo, ¿verdad?
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

Tiempos de cambios

Tiempos de cambios
Hace unos días, Ligre me dijo que está esperando a que cuente todo aquello que me deja helada. La verdad, no sé a qué se refiere, ni sí lo dice por algo en concreto, pero todos callamos cosas. Siempre.

Creo que se avecinan tiempos de cambios. No me asustan, los espero ansiosamente, porque los últimos meses no han tenido mucho de especiales. Es bueno pararse a pensar qué es lo que no te gusta de tu vida e intentar cambiarlo, porque nadie como uno mismo sabe lo que le conviene.

Cuánto más cambian las cosas, más siguen igual. No sé quién fue el primero el que lo dijo, Shakespeare probablemente, quizá Sting pero de momento es la frase que mejor explica mi momento fatal, mi incapacidad para cambiar. No creo que sea el único...

Cuánto más conozco a las personas, más me doy cuenta de que todos tenemos ese defecto. Quedarnos exactamente igual todo el tiempo que sea posible, quedarnos sin muebles te hace sentir mejor, y si sufres, al menos el dolor es familiar. Porque si sigues esa brizna de esperanza, sales de tu cueva, haces algo inesperado, quién sabe qué otras angustias puede haber fuera. Podría ser aún peor. Mantienes tu “estatus quo”. Eliges el camino que ya conoces y no parece tan malo. No en cuanto a los defectos, no eres un drogadicto, no has matado a nadie, excepto puede que a ti mismo.

Cuando finalmente cambiamos, no creo que sea un terremoto o una explosión, no creo que de repente seamos otra persona. Creo que es más sutil. Algo que la mayoría de la gente no nota, a menos que se fije muchísimo, lo cual, gracias a Dios nunca hace. Pero tú lo notas. En tu interior ese cambio es todo un mundo y esperas que esa sea la personas que vas a ser para siempre. No tener que volver a cambiar nunca
.

Qué cierto es eso de que uno nota el cambio por dentro. Se trata de una pequeñez. A veces se cambia por alguna circunstancia de la vida en la que nos vemos inmersos, sin querer; otras porque no somos felices y nos damos cuenta de que eso sólo depende de nosotros y tenemos que hacer algo; en ocasiones se necesita cambiar para descubrir otras cosas de la vida...

Yo necesito dos cambios sutiles. Uno consiste en ganas por acabar la carrera, y el otro tiene que ver con mis sentimientos.
Los llamo sutiles porque como en el fragmento de la serie Everwood –lo escrito en cursiva- es algo tan insignificante que los demás no lo notan, pero dentro de ti surge un nuevo mundo. No sé qué es lo que ha pasado por mi mente últimamente que me ha hecho fijar esos dos cambios pero... me siento con ánimo de llevarlos a cabo y no puedo hacer otra cosa si no alegrarme. Había perdido el rumbo. Bueno, dos rumbos también. Así que cambiar para mejor, no será malo, ¿verdad?

Tiempos de cambios

Tiempos de cambios
Hace unos días, Ligre me dijo que está esperando a que cuente todo aquello que me deja helada. La verdad, no sé a qué se refiere, ni sí lo dice por algo en concreto, pero todos callamos cosas. Siempre.

Creo que se avecinan tiempos de cambios. No me asustan, los espero ansiosamente, porque los últimos meses no han tenido mucho de especiales. Es bueno pararse a pensar qué es lo que no te gusta de tu vida e intentar cambiarlo, porque nadie como uno mismo sabe lo que le conviene.

Cuánto más cambian las cosas, más siguen igual. No sé quién fue el primero el que lo dijo, Shakespeare probablemente, quizá Sting pero de momento es la frase que mejor explica mi momento fatal, mi incapacidad para cambiar. No creo que sea el único...

Cuánto más conozco a las personas, más me doy cuenta de que todos tenemos ese defecto. Quedarnos exactamente igual todo el tiempo que sea posible, quedarnos sin muebles te hace sentir mejor, y si sufres, al menos el dolor es familiar. Porque si sigues esa brizna de esperanza, sales de tu cueva, haces algo inesperado, quién sabe qué otras angustias puede haber fuera. Podría ser aún peor. Mantienes tu “estatus quo”. Eliges el camino que ya conoces y no parece tan malo. No en cuanto a los defectos, no eres un drogadicto, no has matado a nadie, excepto puede que a ti mismo.

Cuando finalmente cambiamos, no creo que sea un terremoto o una explosión, no creo que de repente seamos otra persona. Creo que es más sutil. Algo que la mayoría de la gente no nota, a menos que se fije muchísimo, lo cual, gracias a Dios nunca hace. Pero tú lo notas. En tu interior ese cambio es todo un mundo y esperas que esa sea la personas que vas a ser para siempre. No tener que volver a cambiar nunca
.

Qué cierto es eso de que uno nota el cambio por dentro. Se trata de una pequeñez. A veces se cambia por alguna circunstancia de la vida en la que nos vemos inmersos, sin querer; otras porque no somos felices y nos damos cuenta de que eso sólo depende de nosotros y tenemos que hacer algo; en ocasiones se necesita cambiar para descubrir otras cosas de la vida...

Yo necesito dos cambios sutiles. Uno consiste en ganas por acabar la carrera, y el otro tiene que ver con mis sentimientos.
Los llamo sutiles porque como en el fragmento de la serie Everwood –lo escrito en cursiva- es algo tan insignificante que los demás no lo notan, pero dentro de ti surge un nuevo mundo. No sé qué es lo que ha pasado por mi mente últimamente que me ha hecho fijar esos dos cambios pero... me siento con ánimo de llevarlos a cabo y no puedo hacer otra cosa si no alegrarme. Había perdido el rumbo. Bueno, dos rumbos también. Así que cambiar para mejor, no será malo, ¿verdad?

Kamala in Patmos

Kamala in Patmos
Cuando empecé la carrera conocí al Gallego. Él era mayor que yo tres años y siempre ha sido, ante mis ojos, un vividor. Por eso tal vez me enamoré de él...
Me hacía gracia su aire de despiste, cuando se dormía en clase y lo que tardaba siempre en contarme las cosas. Eso a veces me llegaba a desesperar. Lo que más me gustaba de él, era que podía hablar de todo, y me enseñó muchas cosas. Aunque sabía que no era para mí, no fue hasta el año siguiente cuando lo comprendí.

El Gallego me hizo dos regalos sin él saberlo. Un día llegó a clase con un libro “Sidharta” y me lo dio. No tardé nada en leérmelo y en él aparecía el nombre de kamala. Ella era la Princesa, la bella entre las bellas y eso nunca lo olvidé. Quién me iba a decir a mi que me iba a sentir tan identificada con ese nombre, que se convertiría en mi otro yo, el que desvela lo que no quiero contar...
El otro regalo fue de nuevo un libro. Me dijo: “kamala, es muy tierno, te encantará”. Tenía razón, es mi libro favorito (mi planta de naranja lima).

Por cierto, él fue el primero en llamarme kamala. Me resultó raro, pero me gustó como me sentaba.

Por esos días descubrí el mundo de internet. Nos fuimos unos amigos y yo a un ciber para ver de qué iba eso de chatear. Al principio me resultó aburrido, pero esto es otra historia... Quedamos en que me inventaría una dirección para hacerme un correo electrónico.

No tenía ni idea de qué poner. El nombre de kamala me vino rápidamente a la cabeza pero... era demasiado corto. Sinceramente, no recuerdo dónde leí el nombre de Patmos. Tal vez apareciera en ese mismo libro... no lo sé, pero un día le conté a una tía mía esto de los correos. Le pregunté que qué tal le sonaba “kamalainpatmos” y ella dijo que era muy bonito, que Patmos le había encantado. Me quedé a cuadros. ¿Qué es Patmos? –le pregunté-. Es una isla griega preciosa. Estuve allí cuando hice ese viaje por Europa. Yo ya no paré de hacerle preguntas, y cuando me enseñó las fotos, decidí sentar a kamala definitivamente en Patmos.

Lo de “in” significa “en”, para que tenga sentido, pero en latín, no en inglés. Era un pequeño matiz que quería destacar.

El libro de Sidharta fue una casualidad desde el principio. Cabecita loca lo tiene en su casa, y un día lo cogí para echarle un vistazo. La persona que se lo regaló, le escribió la dedicatoria más bonita que he leído nunca, por eso cuando el Gallego me lo dejó, supe que debía leérmelo.

Hoy he ido a la biblioteca a estudiar y he cogido algunas guías griegas de viaje. He estado leyendo algo acerca de Patmos para contároslo y en una de ellas había unas flores prensadas del último lector. ¡Qué bonitas! Me las he quedado con la ilusión de que esa persona hubiera estado en realidad en Patmos y me las trajera de allí.

Se trata de una isla muy pequeñita, de 12 km de longitud. Es bastante religiosa, y allí San Juan escribió El Apocalipsis (¡glup! si lo sé elijo Corfú).
Dice que atrae por igual a amantes de la cultura, personas devotas, gastrónomos, gentes ávidas de sol, adictos a las compras, aficionados a la vela, lectores empedernidos y, en general, a los viajeros que tan solo anhelan relajarse. Esto sí que me ha gustado, es lo que quería hacer con el blog y con mi nick en particular, conseguir llegar a todo tipo de gente con mis palabras y que aquí, se sientan a gusto.

La foto no me encanta, pero había poco donde elegir. Por lo menos veis su forma.

¿Sacié vuestra sed de conocimientos?

Kamala in Patmos

Kamala in Patmos
Cuando empecé la carrera conocí al Gallego. Él era mayor que yo tres años y siempre ha sido, ante mis ojos, un vividor. Por eso tal vez me enamoré de él...
Me hacía gracia su aire de despiste, cuando se dormía en clase y lo que tardaba siempre en contarme las cosas. Eso a veces me llegaba a desesperar. Lo que más me gustaba de él, era que podía hablar de todo, y me enseñó muchas cosas. Aunque sabía que no era para mí, no fue hasta el año siguiente cuando lo comprendí.

El Gallego me hizo dos regalos sin él saberlo. Un día llegó a clase con un libro “Sidharta” y me lo dio. No tardé nada en leérmelo y en él aparecía el nombre de kamala. Ella era la Princesa, la bella entre las bellas y eso nunca lo olvidé. Quién me iba a decir a mi que me iba a sentir tan identificada con ese nombre, que se convertiría en mi otro yo, el que desvela lo que no quiero contar...
El otro regalo fue de nuevo un libro. Me dijo: “kamala, es muy tierno, te encantará”. Tenía razón, es mi libro favorito (mi planta de naranja lima).

Por cierto, él fue el primero en llamarme kamala. Me resultó raro, pero me gustó como me sentaba.

Por esos días descubrí el mundo de internet. Nos fuimos unos amigos y yo a un ciber para ver de qué iba eso de chatear. Al principio me resultó aburrido, pero esto es otra historia... Quedamos en que me inventaría una dirección para hacerme un correo electrónico.

No tenía ni idea de qué poner. El nombre de kamala me vino rápidamente a la cabeza pero... era demasiado corto. Sinceramente, no recuerdo dónde leí el nombre de Patmos. Tal vez apareciera en ese mismo libro... no lo sé, pero un día le conté a una tía mía esto de los correos. Le pregunté que qué tal le sonaba “kamalainpatmos” y ella dijo que era muy bonito, que Patmos le había encantado. Me quedé a cuadros. ¿Qué es Patmos? –le pregunté-. Es una isla griega preciosa. Estuve allí cuando hice ese viaje por Europa. Yo ya no paré de hacerle preguntas, y cuando me enseñó las fotos, decidí sentar a kamala definitivamente en Patmos.

Lo de “in” significa “en”, para que tenga sentido, pero en latín, no en inglés. Era un pequeño matiz que quería destacar.

El libro de Sidharta fue una casualidad desde el principio. Cabecita loca lo tiene en su casa, y un día lo cogí para echarle un vistazo. La persona que se lo regaló, le escribió la dedicatoria más bonita que he leído nunca, por eso cuando el Gallego me lo dejó, supe que debía leérmelo.

Hoy he ido a la biblioteca a estudiar y he cogido algunas guías griegas de viaje. He estado leyendo algo acerca de Patmos para contároslo y en una de ellas había unas flores prensadas del último lector. ¡Qué bonitas! Me las he quedado con la ilusión de que esa persona hubiera estado en realidad en Patmos y me las trajera de allí.

Se trata de una isla muy pequeñita, de 12 km de longitud. Es bastante religiosa, y allí San Juan escribió El Apocalipsis (¡glup! si lo sé elijo Corfú).
Dice que atrae por igual a amantes de la cultura, personas devotas, gastrónomos, gentes ávidas de sol, adictos a las compras, aficionados a la vela, lectores empedernidos y, en general, a los viajeros que tan solo anhelan relajarse. Esto sí que me ha gustado, es lo que quería hacer con el blog y con mi nick en particular, conseguir llegar a todo tipo de gente con mis palabras y que aquí, se sientan a gusto.

La foto no me encanta, pero había poco donde elegir. Por lo menos veis su forma.

¿Sacié vuestra sed de conocimientos?

Kamala in Patmos

Kamala in Patmos
Cuando empecé la carrera conocí al Gallego. Él era mayor que yo tres años y siempre ha sido, ante mis ojos, un vividor. Por eso tal vez me enamoré de él...
Me hacía gracia su aire de despiste, cuando se dormía en clase y lo que tardaba siempre en contarme las cosas. Eso a veces me llegaba a desesperar. Lo que más me gustaba de él, era que podía hablar de todo, y me enseñó muchas cosas. Aunque sabía que no era para mí, no fue hasta el año siguiente cuando lo comprendí.

El Gallego me hizo dos regalos sin él saberlo. Un día llegó a clase con un libro “Sidharta” y me lo dio. No tardé nada en leérmelo y en él aparecía el nombre de kamala. Ella era la Princesa, la bella entre las bellas y eso nunca lo olvidé. Quién me iba a decir a mi que me iba a sentir tan identificada con ese nombre, que se convertiría en mi otro yo, el que desvela lo que no quiero contar...
El otro regalo fue de nuevo un libro. Me dijo: “kamala, es muy tierno, te encantará”. Tenía razón, es mi libro favorito (mi planta de naranja lima).

Por cierto, él fue el primero en llamarme kamala. Me resultó raro, pero me gustó como me sentaba.

Por esos días descubrí el mundo de internet. Nos fuimos unos amigos y yo a un ciber para ver de qué iba eso de chatear. Al principio me resultó aburrido, pero esto es otra historia... Quedamos en que me inventaría una dirección para hacerme un correo electrónico.

No tenía ni idea de qué poner. El nombre de kamala me vino rápidamente a la cabeza pero... era demasiado corto. Sinceramente, no recuerdo dónde leí el nombre de Patmos. Tal vez apareciera en ese mismo libro... no lo sé, pero un día le conté a una tía mía esto de los correos. Le pregunté que qué tal le sonaba “kamalainpatmos” y ella dijo que era muy bonito, que Patmos le había encantado. Me quedé a cuadros. ¿Qué es Patmos? –le pregunté-. Es una isla griega preciosa. Estuve allí cuando hice ese viaje por Europa. Yo ya no paré de hacerle preguntas, y cuando me enseñó las fotos, decidí sentar a kamala definitivamente en Patmos.

Lo de “in” significa “en”, para que tenga sentido, pero en latín, no en inglés. Era un pequeño matiz que quería destacar.

El libro de Sidharta fue una casualidad desde el principio. Cabecita loca lo tiene en su casa, y un día lo cogí para echarle un vistazo. La persona que se lo regaló, le escribió la dedicatoria más bonita que he leído nunca, por eso cuando el Gallego me lo dejó, supe que debía leérmelo.

Hoy he ido a la biblioteca a estudiar y he cogido algunas guías griegas de viaje. He estado leyendo algo acerca de Patmos para contároslo y en una de ellas había unas flores prensadas del último lector. ¡Qué bonitas! Me las he quedado con la ilusión de que esa persona hubiera estado en realidad en Patmos y me las trajera de allí.

Se trata de una isla muy pequeñita, de 12 km de longitud. Es bastante religiosa, y allí San Juan escribió El Apocalipsis (¡glup! si lo sé elijo Corfú).
Dice que atrae por igual a amantes de la cultura, personas devotas, gastrónomos, gentes ávidas de sol, adictos a las compras, aficionados a la vela, lectores empedernidos y, en general, a los viajeros que tan solo anhelan relajarse. Esto sí que me ha gustado, es lo que quería hacer con el blog y con mi nick en particular, conseguir llegar a todo tipo de gente con mis palabras y que aquí, se sientan a gusto.

La foto no me encanta, pero había poco donde elegir. Por lo menos veis su forma.

¿Sacié vuestra sed de conocimientos?
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

Kamala in Patmos

Kamala in Patmos
Cuando empecé la carrera conocí al Gallego. Él era mayor que yo tres años y siempre ha sido, ante mis ojos, un vividor. Por eso tal vez me enamoré de él...
Me hacía gracia su aire de despiste, cuando se dormía en clase y lo que tardaba siempre en contarme las cosas. Eso a veces me llegaba a desesperar. Lo que más me gustaba de él, era que podía hablar de todo, y me enseñó muchas cosas. Aunque sabía que no era para mí, no fue hasta el año siguiente cuando lo comprendí.

El Gallego me hizo dos regalos sin él saberlo. Un día llegó a clase con un libro “Sidharta” y me lo dio. No tardé nada en leérmelo y en él aparecía el nombre de kamala. Ella era la Princesa, la bella entre las bellas y eso nunca lo olvidé. Quién me iba a decir a mi que me iba a sentir tan identificada con ese nombre, que se convertiría en mi otro yo, el que desvela lo que no quiero contar...
El otro regalo fue de nuevo un libro. Me dijo: “kamala, es muy tierno, te encantará”. Tenía razón, es mi libro favorito (mi planta de naranja lima).

Por cierto, él fue el primero en llamarme kamala. Me resultó raro, pero me gustó como me sentaba.

Por esos días descubrí el mundo de internet. Nos fuimos unos amigos y yo a un ciber para ver de qué iba eso de chatear. Al principio me resultó aburrido, pero esto es otra historia... Quedamos en que me inventaría una dirección para hacerme un correo electrónico.

No tenía ni idea de qué poner. El nombre de kamala me vino rápidamente a la cabeza pero... era demasiado corto. Sinceramente, no recuerdo dónde leí el nombre de Patmos. Tal vez apareciera en ese mismo libro... no lo sé, pero un día le conté a una tía mía esto de los correos. Le pregunté que qué tal le sonaba “kamalainpatmos” y ella dijo que era muy bonito, que Patmos le había encantado. Me quedé a cuadros. ¿Qué es Patmos? –le pregunté-. Es una isla griega preciosa. Estuve allí cuando hice ese viaje por Europa. Yo ya no paré de hacerle preguntas, y cuando me enseñó las fotos, decidí sentar a kamala definitivamente en Patmos.

Lo de “in” significa “en”, para que tenga sentido, pero en latín, no en inglés. Era un pequeño matiz que quería destacar.

El libro de Sidharta fue una casualidad desde el principio. Cabecita loca lo tiene en su casa, y un día lo cogí para echarle un vistazo. La persona que se lo regaló, le escribió la dedicatoria más bonita que he leído nunca, por eso cuando el Gallego me lo dejó, supe que debía leérmelo.

Hoy he ido a la biblioteca a estudiar y he cogido algunas guías griegas de viaje. He estado leyendo algo acerca de Patmos para contároslo y en una de ellas había unas flores prensadas del último lector. ¡Qué bonitas! Me las he quedado con la ilusión de que esa persona hubiera estado en realidad en Patmos y me las trajera de allí.

Se trata de una isla muy pequeñita, de 12 km de longitud. Es bastante religiosa, y allí San Juan escribió El Apocalipsis (¡glup! si lo sé elijo Corfú).
Dice que atrae por igual a amantes de la cultura, personas devotas, gastrónomos, gentes ávidas de sol, adictos a las compras, aficionados a la vela, lectores empedernidos y, en general, a los viajeros que tan solo anhelan relajarse. Esto sí que me ha gustado, es lo que quería hacer con el blog y con mi nick en particular, conseguir llegar a todo tipo de gente con mis palabras y que aquí, se sientan a gusto.

La foto no me encanta, pero había poco donde elegir. Por lo menos veis su forma.

¿Sacié vuestra sed de conocimientos?

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres