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kamala in Patmos

Se baja el telón

Se baja el telón

Cuánto tiempo hace que no escribo nada por aquí… pero es que, desde que terminé exámenes no he parado en casa, y cuando he estado, no me ponía mucho tiempo frente al ordenador.

La semana pasada estuve en la playa. Ha sido estupendo, lo necesitaba. Me he reído un montón y me he puesto morenita.

En cuanto al curso, no he terminado mal del todo, pero tengo que estudiar duro durante este verano para terminar la carrera. Qué bien suena eso… Incluso el otro día recibí una carta de la universidad en la que me enviaban información sobre cursos de posgrado. Parece que se va haciendo realidad, ¿no? Yo me encuentro con ánimos –a pesar de este calor mortal- y eso ya es bastante.

Pero todo esto no es la excusa verdadera por la que no escribo. Creo que mi blog, tiene los días contados…

Anoche, cuando no podía dormir, me di un paseo por él. Estuve mirando lo que escribí al principio, y me vi muy infantil. Leí mis posts favoritos, y algunas veces me asombré con ciertas expresiones o maneras en las que había contado las cosas. Me parece ajeno a mi.

Ahora no tengo mucho tiempo para llevar el blog como me gustaría, pero lo que más me apetece es cambiarlo de aspecto, y la tónica de lo que en él escribo.

Cuando entré aquí -y de eso anoche me di cuenta- no sabía cómo empezar. Por un lado, me gustan los blogs en los que la gente es sincera y cuenta su día a día. Eso les hace muy cercanos. Y así empecé yo. Hacía las “cinco del viernes”, y contaba cosillas de mi vida. Pero… no es lo que quiero. Es algo que en el fondo no me gusta, y me siento incómoda porque soy reservada para mis cosas. Realmente es lo más fácil. Sé que, en estos últimos meses, cuando no tenía tiempo de inspirarme, os hablaba de los chicos de inglés por ejemplo, que simplemente es soltar el rollo, y no es necesario pensar mucho. Así no dejaba pasar los días sin subir nada al blog, pero a base de no encantarme lo que colgaba...

Me doy cuenta de que escribo para los que me leen, no para mi, ni porque en realidad quiera hacerlo.

A veces habéis dejado comentarios que no me han gustado. Sé que lo hacéis por mi bien, y que son cosas dichas con cariño, pero… soy un pelín orgullosa, y no me gusta que me juzguen ni que me digan lo que debería hacer. Más que nada porque en la mayoría de los casos sé que actuando así no voy bien, pero me cuesta. Necesito mi ir a mi ritmo, y cada vez que escribía algo sobre Ojos Tristes… no sé si era sensación mía, pero en el fondo de algunos comentarios leía eso de “¡otra vez con lo mismo!”. Y me gustaba muy poquito oír eso…

El blog ha sido un pequeño desahogo para mi con respecto a Él. Pero me revienta ahora leer ahora ciertas cosas que dejé aquí. Ni saber que otros han leído esa parte tan íntima… No sé, supongo que es la visceralidad, que he escrito muchas veces sin pensar, dejándome llevar, y ahora sé que muchas partes las eliminaría o las diría de otra manera.

Algo que sí tengo claro es que voy a continuar escribiendo. Me ha encantado. Tengo muchas ideas y casi todo tiene que ver con reflexiones. Creo, bueno no, estoy convencida, de que ese es el estilo que realmente quiero dar a un blog. Acostumbrarme a pensar sobre un tema, y expresar mi opinión. Leer con el tiempo lo que pensaba en un momento dado de mi vida, y el cambio que pueda dar después, con más años y experiencia sobre los hombros.
No quiero entrar aquí y escribir sobre mis penas, porque no soy así. Soy una persona risueña, con muchos sueños y en constante cambio. De mentalidad abierta que intenta ser feliz. Pero sé, que muy pocos dirían que soy así leyendo ciertas partes. Sabiendo que llevo dos años sintiendo algo especial por alguien con el que no puede ser y aún, me mantengo a su lado. No me gusta que nadie me diga nada al respecto, y tampoco necesito ya contar aquí cómo me siento.

Sé que en el caso de querer un hombro en el que llorar o reirme a carcajadas, tengo a varias personas de esa lista dispuestos a escucharme. Como yo seguiré estando para ellos. El blog de kamalainpatmos, me ha dado la oportunidad de conocerlos, y nunca pensé que llegaría a tener la confianza que tengo, y el cariño que siento por mis ya amigos.

Seguiré pasándome a visitaros, porque no tiene sentido romper con todo, ¿verdad? No me marcho de aquí enfadada, sólo soy yo la que necesita el cambio, pero como no es por vosotros, allí estaré. Eso sí, con menos tiempo.

Me gustaría contar varias cosas me han pasado últimamente, para compartirlas con vosotros. Supongo que una de ellas os gustará, así que tal vez entre otro día de julio y os lo cuente. Y las carteleras de las películas que he visto durante estos días… me da pena no hacerlas, porque olvidaré los detalles de lo que pensé cuando las vi. Ya veremos… Me dejo de plazo el mes de julio para escribir. Este es el último mes, en el que escribiré.

Me marcho. Un beso a todos. Gracias por todo lo que me habéis aportado y por el cariño que siempre me ha llegado. Y aunque podemos continuar en contacto, os deseo mucha suerte en vuestra vida.

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Zapatos para el pie izquierdo

Zapatos para el pie izquierdo

Cuando entré en el vagón, me senté en el único asiento libre que quedaba. Respiré tranquila, e intenté relajarme. Al levantar la vista, vi a un chico negro de pie, que iba con muletas. Su pierna derecha parecía apoyada en la pared –o más bien, eso quise creer- y la izquierda formaba parte de las tres piernas que le sujetaban al suelo.
Lo miré. -“¿Te quieres sentar?” –le dije con los ojos-. Él asintió. Ahí me di cuenta de la ausencia de pierna de rodilla para abajo.

No pude dejar de pensar en ese chico. En cómo se habría quedado sin pierna. Pensé que a lo mejor había venido en patera a España, y que en el viaje le habría pasado de todo, pero que por lo menos no había muerto. Me pregunté lo que haría con los zapatos del pie derecho. Tal vez tuviese en su casa una gran colección de calzado no utilizado. Brillante y reluciente que saca de vez en cuando para compararlo con los que sí usa. Mirará con tristeza su bota derecha, y lleno de asombro la izquierda. Recordando la de caminos que ha podido andar con ella. La de polvo que acumula en su suela.

A lo mejor tiene un hermano que le presta sus playeras. No le regaña si advierte cuando se los pone, que va con un calzado de diferente color. Uno dado de sí, y el otro ajustadito.

Quizá echa de menos a su pierna, y sueña que amanece, y todo ha sido un sueño. Que puede volver a correr. Que nadie le mira el muñón cuando queda al aire, u observa incansable el vacío de su pantalón. Que puede abrazar a su novia, liberándose de sus muletas. Dar un paseo de la mano de su hijo...

Puede que no le guste que le cedan el asiento en el tren. Puede que, tampoco le guste que alguien escriba ésto sobre él.

Me voy...

Justo, en este mismo instante, me gustaría estar en un concierto. Con pocas personas, pero las suficientes. Y bailar y cantar esta canción. Para mandar bien lejos a los chicos. Esos ELLOS que no nos merecen. Que no saben valorarnos. Que no saben lo que se pierden. Que se aprovechan. ¡Que no nos quieren!

¡Qué lástima, pero adiós!


El tiempo

El tiempo

Si juntásemos todo el tiempo que hemos empleado en nuestra vida esperando... algunos llegaríamos a años.

Otros dicen, que se puede aprovechar ese tiempo de espera, en hacer otras cosas. Pero los impacientes como yo, sólo esperamos y esperamos para que cuando llegue, no nos pille desprevenidos.

¿Dónde se va todo ese tiempo perdido?

Drogada

Drogada

Tomo droga habitualmente.
Necesito sedar mis miedos
para que nada me duela.

A veces la droga
sólo es un muro
que no deja paso
a lo que trae lo desconocido.

A veces mi máscara es mi escudo.
Mi rostro oculta sonrisas,
para no levantar puentes
que destruyan distancias.

Uso mi droga para acallar sentimientos.
Anestesio a mi corazón
y le prohíbo ser él mismo.

Lo rocío de veneno, para que no me traiga recuerdos,
para que no se claven en él
las astillas de falsos sentimientos,
los disparos de miradas gélidas,
ni los garfios de culpabilidad.

Los puñales en la espalda
los oculto con lágrimas secas.
Nada me duele. Nada me llega.

Gracias a mi droga, paseo de puntillas
por el camino de mis ilusiones
para no despertarlas.
Para así, no tener que matarlas.

Lo malo de ella
es que atonta mi verdadero ser.
Es la culpable de mi lucha entre querer y no querer.

Es la que me ciega lo ojos.
La que detiene las risas

Es la que me hace perder
las pequeñas motitas de felicidad...

Lost in translation

Lost in translation

La película de "Lost in translation" habla de dos personas que se
encuentran perdidas. Se conocen, pero sus vidas ya están hechas.
Durante el tiempo que dura nos enseñan sus momentos más tristes
y reflejan perfectamente la sensación de vacío cuando no te
encuentras bien a pesar de tenerlo todo. Lo que más me gustó fue
el final, cuando él se acerca y le susurra al oído. En la versión
original, no se escucha nada, dejan que el público lo interprete,
pero en la traducción al castellano, sí dicen una frase.
Bueno pues... esa misma frase es la que yo te quiero decir ahora:
"eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo".

Pensando en los de inglés

Pensando en los de inglés

El día del examen de inglés, Maite me dijo que le daba pena terminar el curso, que se lo había pasado muy bien. Yo estuve de acuerdo con ella, y me gustó saber que por lo menos había otra persona que sentía lo mismo.

He estado haciendo balance de todo el curso. Ha pasado mucha gente por mi nivel. Algunos se han ido y otros han permanecido hasta el final. Pero en conjunto han sido todos muy agradables.

No sé si alguno de vosotros estará interesado en éste chico del que os hablé un día... pero las cosas han cambiado un poquito. Sigue siendo majo, y sigo teniendo ganas de hablar con él. Pero nuestros únicos minutos a solas -los de la despedida antes de llegar a su portal- se han acabado. Desde hace unos meses, me llevo mejor con otras personas y ahora voy acompañada hasta el metro, por lo que él se va solo. A veces nos espera a todas, pero otras no...

También, como quien no quiere la cosa, os mencioné de pasada a otro chico. Informático. Es muy majillo. Me calló bien desde el primer momento, y parece muy tímido. No he conocido persona como él, que se pone tantas veces y en tan poco tiempo como un tomate. Es increíble. Pero aún así, no se calla. Se nota que le da corte, pero sigue hablando.

Bueno, lo raro de este chico, es su forma de mirarme. Es que os lo juro, no es mi imaginación. A veces pasa algo gracioso. Levanto la mirada del papel, y le veo mirándome. Y claro, como nos estamos riendo, nos sonreímos.

No sé si quiere ser agradable conmigo, le gusto o... simplemente quiere charlar. Es que no lo sé... pero un día, éste en concreto en el que me di una panzada a llorar de muerte... llegué a la academia con los ojos rojos. Pero me miré en el espejo y me vi muy guapa. (Ahora que lo pienso, el día de sábado sabadete también había llorado y también llamé la atención a un chico. Ummmm... creo que los ojillos llorosos me van a hacer triunfar en más de una ocasión... jejeje). Cuando llegué, saludé, y él me miró y yo sabía que me iba a decir algo. Sé que pensaba que estaba muy guapa, pero me dijo otra cosa porque... hubiera sido algo extraño que me dijera “estás muy guapa hoy” cuando no hay tanta confianza en clase y además él, tiene novia (¡¡¡el día que conozca a un chico sin novia, monto una fiesta, lo prometo!!!). Me dijo que se me veía cara de contenta. Jajajajaja, qué pocos reflejos tiene el chaval... pero su intención era buena, decirme algo agradable.

Cuando nos toca trabajar juntos, me habla directamente a los ojos y yo... es algo que también tengo costumbre, pero cuando es otro el que lo hace conmigo, me intimida una cosa mala. Y me revienta. Es perder el control de la situación.

El otro día iba yo pensando en estas cosas, en por qué me pasa esto con este chico. Y llegué a la conclusión esa de “quien es el derrotado”. Veréis, es muy sencillo. La primera vez que te pasa eso con una persona, lo de mirarse directamente a los ojos, el primero que aparte la mirada, es el que queda derrotado. Y bueno, que debió pasarme eso. Si hubiese aguantado más que él la mirada el primer día, ahora sería él el que se cortaría y la retiraría primero. Pero que me de vergüenza a mi que soy una sinvergüenza.... me pone... ufffff malita malita....

Ahora que me acuerdo, eso me pasó con Sam. Estábamos en un bar. Era la segunda noche que quedábamos, y si no pasaba nada ya ese día... sería para mosquearse. A los dos se nos veía con ganas de comernos a besos. Yo no lo hacía, porque quería saber cuánto aguantaría él. Y los dos, venga a hablar. Venga a beber sangría. En un momento dado, se empezó a tapar los ojos, y me decía, que no podía aguantar mi mirada. Y, como una pava le decía “¿por qué?”. Aquel día, gané yo...

Nada, el informático trajo en mayo a un amigo suyo a clase. O sea... nuevo compañero a la vista.... nuevo chico de mi edad..... posibilidad de “algo más”.... y todas esas tonterías que siempre se piensa cuando uno está soltero y más cuando se quiere olvidar a un amor no correspondido...

El chico me calló genial enseguida. Es que me partía de risa. No sé, de estas personas que me hace gracia su forma de expresarse.

Aún así, sólo hablábamos en el rato de clase, pero el miércoles, nos fuimos juntos a casa (vive súper cerca de mi). ¡Bueno! Me contó su vida en verso. No sé si os he dicho, que me encanta la gente que habla por los codos. Y él lo hace una barbaridad. Entre lo que él habla y lo que pregunto yo, me parece que quedan pocas cosas de su vida por contarme. Fue un rato muy divertido. Me gustaría repetirlo, pero el lunes no creo que venga a clase porque es su cumpleaños.

En fin... que sólo me queda un mes para pedir cuentas de msn o teléfonos y decirles que si quieren quedar para tomar algún día algo. Me da mucha pena no sacar de esto una amistad, no sé. Pero también me da rabia que nadie diga nada. Tendré que ser yo, pero me corta...

Ya os diré. Feliz fin de semana. En Madrid hace un tiempo estupendo, y mañana me voy de cañitas por el centro. ¡¡Ay qué ganas tengo!!

Algo nerviosa

Algo nerviosa

Estoy nerviosa y muy cansada... En exámenes me pasa eso, que se invierte lo del sueño y estoy que me caigo por las esquinas.

He tenido ya dos exámenes. El de hoy ha sido de inglés. La gente siempre dice que es fácil, pero a mi no me lo parece tanto, porque estudiar, hay que estudiar. Entra en juego el factor suerte, cosa de la que yo carezco... Pero mientras esperábamos en la sala a que nos nombraran para entrar, una chica me ha dicho “tienes una mariquita en el bolso”. Al mirar, la he visto en mi mano, y no me lo podía creer. He dicho en voz bien alta “jo, menuda suerte, no me lo puedo creer” jajajajaja. Qué nerviosita estaba, madre mía.... Luego ya me he calmado. No sé, haciendo el examen, me entra un relax que ni yo misma me lo creo.

Ahora, no sé si notaréis, que estoy medio drogada. Escribo desganada, casi sin pensar. En dos días, me he tomado más cafés que en toda mi vida. Cuando me veo así de agobiada, me dan ganas de darme de cabezazos contra la pared, por no haber empezado a estudiar antes. Es que luego llego al examen tan cansada que no puedo ni pensar.

En el de hoy no estaba cansada, pero porque prácticamente me acababa de levantar, y con lo histérica que iba y el fresquito mañanero que hace en Madrid, cualquiera no se espabila.

Me ha hecho gracia algo. Todos estábamos a la expectativa, a ver qué pasaba. Cuando nos han nombrado a las primeras dieciocho personas, nos han llevado a un aula. Yo iba con una amiga, pero algunas personas no conocían a nadie. Me he fijado en una que llevaba la carpeta que nos dan en la academia, por eso ha sido fácil entablar conversación con ella. Y después, se han agregado más a hablar. Por lo visto veníamos todos del mismo sitio, pero no nos conocíamos. Eso quieras que no, da tranquilidad. Hay que ver cómo somos, siempre buscando apoyo y algo que nos de seguridad.

Y así, charlando, se te olvida lo que has ido a hacer allí. Sí, un examencillo de nada... el que deseas con todas tus fuerzas aprobar sólo por no tener que volver a pagar el pastón que cuesta. Menudo atraco a mano armada... ufff...

¿Qué más cosas me han pasado? nada... pero a pesar de todo, estoy de muy buen humor. Estoy contenta. Y creo, que ya es bastante para la época en la que estamos. Eso sí... ni gotita de inspiración oye.

Un sueño

Un sueño

Nota.
Quiero hacer una pequeña modificación porque no me expresé bien. Cuando en el sueño giraba la cabeza para mirar a mi hermana que estaba sentada a mi lado, la veía a ella, otra persona. Estaba en los asientos de la parte izquierda del autobús. Y mientras mi hermana hablaba, yo la miraba a ella.
Algunos habéis entendido que se trataba de mi hermana y... ufff, sólo pensarlo se me encoge el estómago.

Cuando me voy a la cama, casi nunca tengo ganas de dormir. Por eso creo que paso tanto tiempo pensando hasta que logro conciliar el sueño.

No estoy muy segura de por qué hay días que soñamos y otros no. Tampoco de si lo hacemos todos los días pero sólo recordamos algunos de ellos. Pero lo que sí me parece extraño, es soñar varias veces con lo mismo, y esto me viene pasando desde hace unos meses.

Hoy lo he estado hablando con mi profesor de inglés. El tópico era los sueños, y me ha preguntado que si suelo hacerlo a menudo. Y... no sé por qué, le he contado ese sueño que me persigue -tiene algunas variantes, pero el trasfondo es el mismo-.

Subo al autobús, y me siento cerca del final. Me parece que es mi hermana la que está a mi lado, en el pasillo y yo en la ventana. En los asientos de delante, se encuentran dos de mis primas, y charlamos, nos reímos. Cuando giro la cabeza hacia la izquierda, para mirar a mi hermana que en ese momento tiene la palabra, la veo a ella. Me mira, me echa una media sonrisa, y me guiña un ojo. Yo al principio la observo asustada, porque me resulta raro verla, sé que ha muerto. Pero cuando me guiña el ojo, entiendo que no está ahí en el autobús porque esté viva en realidad, si no que me quería saludar de algún modo.

Con ese gesto me dice muchas cosas. Me dice “no te olvido” (¿o debería ser un “no me olvides”?), “estoy contigo”, “recuérdame”...

Al poco tiempo me despierto, y lo hago con una sensación agradable.

Nunca me he planteado si noto que alguien que ha fallecido, está conmigo. Tal vez porque no me ha faltado nadie hasta ahora, pero sé que hay personas que sí se sienten acompañadas.

Pero un día, al poco de morir, tuve un examen. No había estudiado mucho la verdad. Había cosas que me sabía mejor, otras peor y el examen era de los difíciles. Cuando me senté a hacerlo, empecé muy bien, pero terminé fatal. Y mientras regresaba a casa, estaba medio enfadada con ella, porque no me había ayudado.

Sé que es una tontería, pero a las dos semanas, cuando salieron las notas, vi mi aprobado. Se habían confundido al puntuar el examen, algo que no ocurre prácticamente nunca. Yo me di cuenta de que se trataba de un error, pero no iba a ser tan tonta de ir a decírselo al profesor... Pero sí que recuerdo que me alegré mucho. Miré la nota, sonreí, y le di las gracias mentalmente. Noté (y me gusta pensar así) que ella me había echado una mano.

Adormecida

Adormecida

A veces creo que... podría dejarme llevar un poco. No sé, salir un día, y sin pensar, si surge, irme con el primero que me llame la atención. A ver qué pasa. Qué cambia en mi.

Pero luego pienso, que no sé qué será mejor. Sentirme especial y querida por una noche debe de estar bien. Pero me da miedo la mañana siguiente.

Y también temo el durante. No sé si me dejaría llevar, o me echaría a llorar pensando que es con otro con quien quiero estar.

Ojalá

Ojalá

Ojalá que pase algo pronto. Algo que me demuestre
que no todos los caminos me llevan a ti. Ojalá sepa
que tú no eres la respuesta. Ojalá sepa que no eres
mi destino. Ojalá llegue alguien, que me abra los ojos
y me deje ver... una nueva luz, que no sea "tú luz".
Ojalá, entonces, no me muera sin ti.

30 de Marzo de 2005

Ahora, después de tanto tiempo, sé que no estoy igual. No tengo nada dentro de mi que me inspire esas mismas palabras. ¿Me alegro? Bueno, sí, porque estoy mejor. No tengo la mente todo el día en el mismo tema, si no que me puedo concentrar en otras cosas, y no me limito a soñar con él, porque era lo único que hacía. Mil imágenes venían a mi mente, frases dichas en momentos intensos, necesidad de esas conversaciones... Era mi vida cotidiana. Él, él, él... sólo él.

Pero por otro lado, no me alegro tanto. Para poder sacar ese sentimiento, he tenido que sustituirlo por otro. Yo soy así a veces... Cuando amo, lo hago con todo mi corazón, y soy constante, fiel. Podría haber diluido lo que sentía, pero no sé hacerlo. Por eso decidí usar la mirada malévola, que recibe todo lo que él me da, como algo malo. Sus palabras cariñosas... no lo serán tanto –me digo-. Sus “te echo de menos”, seguro que lo dice para quedar bien, y que yo no me sienta tan triste. Y empiezo a rescatar cada una de sus frases dichas en momentos intensos, e imagino que son mentira. Y así... poco a poco... el cariño que sentía por él, lo voy mezclando con odio, con promesas incumplidas, con ausencias, con confusiones, con interés, con engaños... Me convierto en alguien que no soy, y le devuelvo sus frases transformadas en mentiras, para hacerle sufrir, y le envío parte del dolor que yo tengo. Y parece que... dejo de sentir su luz en mi camino.

Sé que podría haber hecho las cosas mejor, porque un sentimiento tan grande como es el amor, jamás debería provocar justo lo contrario. Pero cuando una está mal, hace lo imposible por resucitar.

Así, despacito y sin gustarme, es como va muriendo mi amor. Pero no me siento muy orgullosa...

Él, mi él... se convierte en un túnel sin salida en mi vida. Pero no llega nadie a abrirme los ojos, soy yo quien decide cambiar de sentido, buscando un nuevo horizonte.

Y me doy cuenta de que de amor... todavía no me he muerto.

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Con otra perspectiva

Con otra perspectiva

Me he enganchado a un programa de televisión que se llama “La casa de cristal”. Se trata de una casa donde conviven seis mujeres que tienen un problema, y lo quieren resolver. Hay un psicólogo (es hombre, con una cara de buena persona que no puede con ella) y dos “coach” (mujeres, una española y la otra argentina).

No todas las chicas saben dónde radica su problema, pero las seis llevan mucho tiempo dándose cuenta de que no son felices, y están cansadas de vivir así, sin ganas, esperando siempre algo que no llega, con altibajos emocionales, con miedos, y llorando sin motivo. Y eso lo quieren cambiar.

Me ha enganchado totalmente, incluso me lo grabo cuando no lo puedo ver. Me gusta escucharles, y notar las transformaciones por las que van pasando a medida que llevan a cabo la terapia.

Son seis historias diferentes. En realidad siete, porque una de las chicas tuvo que abandonar el programa y han metido a una nueva. Pero hoy quería hablar sobre Vega. No es la que más me gusta de todas, quizá porque me identifico menos con su problema, pero ayer dijo algo muy importante.

Hace un tiempo, le tuvieron que operar de una aneurisma. Además de la cicatriz que le cubre parte de su rostro, le han quedado secuelas más profundas, como lo cercana que ha tenido la muerte. Y no lo superaba. Vivía con la agonía de pensar que le podría pasar de nuevo.

También le hizo replantearse su vida. Trabaja como teleoperadora en el servicio de urgencias, algo demasiado estresante. Y... bueno, después de un par de semanas trabajando con los psicólogos, es la primera en estar preparada para salir. Ha entendido, al fin, que tiene que vivir con esa enfermedad. Aceptarla. (¿Cuántas veces nos negamos cosas que han pasado por todo el daño que nos producen? Yo... infinidad de veces). Y va a cambiar de trabajo, se ha buscado nuevos proyectos. Si está intentando ser feliz, lo más lógico es hacer algo, ¿no? Esto que parece tan fácil y razonable... no todo el mundo está dispuesto a realizarlo.

En una de sus últimas conversaciones con el psicólogo, le decía que se sentía liberada. Como si se hubiera quitado un peso de encima. Que se había dado cuenta de que había salido de su mundo, para mirarlo todo con otra perspectiva. Que su problema se había resuelto, porque ella era la que había abierto la mente, había dejado de pensar como hasta entonces. Es como cuando haces siempre algo de la misma manera, pero te va mal. Y un día decides cambiar tu forma de hacerlo, y te das cuenta de lo genial que va todo después.

No sé si me explico, pero esta foto lo representa muy bien. Es un hombre que decide salir de su mundo, a ver qué cosas descubre fuera.

Su nueva vida

Su nueva vida

El otro día estuve en casa de una amiga. Era una ocasión especial, porque ha dejado de vivir con sus padres y se ha comprado un piso con su novio. Ahora vivimos más cerca todavía, sólo es cruzar un par de calles.

Cuando llegué, me enseñó toda la casa. Es muy bonita. Un poco pequeña, pero para dos personas, es suficiente.

Mientras sacaban algo para picar, me quedé sentada en el sofá pensando. Miraba todo, e intentaba descubrir parte de ellos en las cosas que me rodeaban. Me parecía curioso ver la cantidad de objetos que una persona puede llegar a acumular a lo largo de su vida. Y también, observar cómo quedan puestas en común. (¿Qué aficiones tendrá mi siguiente pareja?).

A él, le gustaban los puzzles de pequeño, y tenía tantos guardados, que prácticamente es lo que adorna todas las paredes de la casa. Me fijé en que apenas leen, porque la suma de los libros de uno y otro, no abarcaba nada más que una estantería del salón. Eso sí, les encantan los animales, y tienen varias enciclopedias de ellos.

Al llegar, encontré a su novio haciendo chapuzas, y a ella, pensando en la de muebles que aún quedan por comprar. O más bien... imaginando qué quedará mejor.

Se la veía muy feliz. Contenta por todo lo que ha cambiado su vida. Por tener que preocuparse de una casa, por tenerle a él cerca y porque ambos hayan decidido compartir sus vidas a partir de este momento. Sin embargo... a pesar de todo... no sé... no la envidio nada. Me parece que ha corrido demasiado, y se deja muchas cosas por vivir, por hacer, y por intentar.

Tal vez diga esto porque el chico no me gusta nada para ella, pero creo que se ha cerrado muchas puertas. La primera es que sabe que él no se comporta como debería... y la segunda es que, después de haberse sacado una carrera como química, está trabajando en algo que no tiene nada que ver con lo que estudió, y ahora que se ha metido en una hipoteca, no va a hacer nada para que eso cambie.

Cada uno es como es, y si ella está feliz, yo tan encantada. Lo que no me apetece nada es verla sufrir, ni ahora, ni dentro de un tiempo cuando deje de estar enamorada y lo vea todo desde la realidad, y se dé cuenta de que ha tirado algunos de sus sueños por la borda. Yo... no lo haría. Al menos, sin haberlo intentado primero...

Historias del metro

Historias del metro

Las historias que me pasan en el metro, son para no dormir. Algunas son bonitas... con otras me he reído... a veces sonrío pícaramente... pero con otras, salgo con el instinto asesino a flor de piel.

El otro día iba en la línea 2 camino de Sol. Esa línea tiene un flujo de gente continuo, y normalmente hay muchos extranjeros. Yo me apoyé en una de las puertas y escuchaba música de mi mp3 para aislarme del mundo. A mi lado había un chico joven, de unos 30 y enfrente de él (todos de pie) había una parejita de ingleses. Me fijé que éste llevaba la mochila abierta. Pensé decirle algo, pero mientras me decidía o no a utilizar mi verborrea (¡que para algo voy a academia!) el chico joven se me adelantó.

Cuando llegó mi parada, también era la del chico joven. Esperé a que todos salieran delante de mi, y me pareció extraño que, justo al pasar este chiquito, se le acercara otro hasta ponerse a su altura, sin dejarme pasar. Y de repente, ¡le escupe en la oreja! Yo aluciné. ¡Pero qué fuerte! Yo me abracé a mi bolso y salí pitando, pero estaba segura de que ese tío era el que había abierto la mochila, y como el otro se había chivado... era su venganza. Qué ira me entró...

He visto de todo en el metro, ya os digo. Por las mañanas suele ser horrible la de gente que hay, y en ocasiones, llegar a la facultad se convierte en toda una aventura.

Un día, me pasó algo bonito. Aquí en mi barrio trabajaba un chaval en el supermercado donde hacemos la compra. Yo no suelo hablar con los dependientes, pero cuando tenía unos 16 años, a veces preguntaba a los chicos de sala dónde se encontraba algún producto determinado (no es que sea perezosa y no quiera perder el tiempo buscándolo yo misma, si no que me da mucha rabia después de coger todas las cosas que quiero comprar, esperar una cola de campeonato en la caja. Uso mi táctica de recoger algunos productos, dejar la bolsa haciendo cola ella solita, y yo sigo dándome paseos hasta recopilar todo lo que me manda mi madre en la lista. Y claro, en aquella ocasión me debió pasar algo así, que mi cesta ya llegaba a la caja, y aún me faltaba algún producto, y ni corta ni perezosa, se lo pregunté al chico).

A partir de aquel día, siempre me saludaba, hasta que después de un tiempo, dejó el supermercado y no supe nada más de él. Cierto día... iba yo en el metro (que de historias del metro andábamos hablando) sumida en mi libro de lectura. Los asientos eran como los de la foto, unos enfrente de los otros. Cuando llegó mi parada, cerré el libro, me puse de pie, y levanté la mirada hacia mis compañeros del asiento contrario. Y ahí estaba él, el chiquito del supermercado. Nos miramos, y sin apartar la mirada, dijimos “hola”, y nos sonreímos. Estaba con una chica, y tenía su brazo rodeándola los hombros. Yo sabía que, tras esa complicidad que habíamos tenido, le iba a caer algún comentario de la novia, así, en plan celoso. Y cuando el metro echó a andar de nuevo y se puso a mi altura, pude verlos. Ella con una cara de alucine, y él tratando de explicarse jajajajajajajaja. ¡Cómo disfruto con estas cosas!

Hoy me ha venido a la memoria esta historia, ¡¡porque he vuelto a ver al chico!! Increíble. De vez en cuando miraba hacia mi, descaradamente. Y a mi, se me escapaba la sonrisilla. Pero... hoy no nos hemos dicho nada. Iba con dos amigas, y no han quedado nuestros ojos cerca cuando se ha bajado en su estación. Sin embargo ahora, sé donde trabaja, jejejeje.

Siempre me fijo en la gente que viaja conmigo. Me pregunto en lo que estarán pensando, y dejo volar mi imaginación e interpreto sus rostros. Me invento sus vidas y muchas veces he descubierto a alguien sonriendo mientras recordaba alguna de sus cosas, y he sonreído a la vez.

La última historia es mi favorita. En uno de los transbordos que hago, coincido con una chica ciega. Me sorprende que la gente se aparte a su paso. Sé que lo hacen para evitar que choque con ellos, pero cuando llega el metro y tiene que montar, nadie es capaz de acercarse y echarle una mano.

A veces yo he sido esa persona que le ha ayudado a subir. Pero un día, apareció un señor que ocupó, sin permiso, mi lugar. Muchos días he llegado a la parada justo cuando se marchaba el tren, y el señor estaba en un banco esperando. Cuando llega la chica, y también el tren, él se incorpora, se acerca a ella, le toma del brazo y la aproxima a la puerta suavemente. La deja ahí, pero él pasa al vagón por la puerta siguiente, no se queda cerca de ella durante el trayecto.

Esta historia me sorprende, porque no han sido pocas las veces que los he visto. Un día, el señor no hacía más que mirar hacia la entrada de la gente al andén, para verla aparecer. Pero ese día o no tenía que trabajar, o se había retrasado o... qué se yo, pero él la estaba esperando. Se tuvo que montar en el tren porque si no, el que iba a llegar tarde era él, pero no dejó de mirar hacia esa entrada, hasta que desapareció de su vista.

Yo, estoy segura de que ella sabe que siempre es la misma persona quien le ayuda. Y como soy una romántica, a él le imagino, secretamente enamorado. Pero hay una pregunta que me hago... ¿por qué ella no le dice que se da cuenta de lo que hace, ni él se decide a hablar con ella? Nunca entenderé por qué se callan las cosas que son las que realmente se deberían decir...

Crash

Crash

Tenía muchas ganas de ver esta película. El domingo, mientras cenaba con mis amigas, comentamos que nos habíamos quedado sin verla, y buscando un poquito en google, vimos que aún quedaban cines en Madrid donde la ponían.

Sólo sabía de ella, que hablaba del racismo, y ese es justo el tema principal. Y además, lo tocan desde todos los puntos. Me ha resultado curioso darme cuenta de lo poco que pienso en el racismo. No me había percatado del motivo que puede tener cada uno para sentir ese odio hacia otras personas que no son como ellos. Y también la diferencia que existe entre las personas, que vemos las cosas como las queremos ver.

Aparece un ejemplo de esto que digo en la película. Dos chicos negros, salen de una cafetería donde han cenado. Uno de ellos empieza a quejarse del mal servicio que les han dado sólo por ser negros. Decía que no les habían servido café, y que habían tardado hora y media en ser atendidos. El amigo, algo más benevolente con los camareros, quitaba hierro al asunto diciéndole que en realidad, ninguno quería tomar café. Y que la camarera que les había atendido, también era negra. Siguen andado, y el negro quejica observa que una mujer, al pasar por su lado, se agarra fuertemente del brazo de su marido por temor. Y vuelve a soltar por su boca, todo lo que piensa de “los blancos”. ¿Quién de los dos amigos lleva razón?

Crash muestra este tipo de cosas, y en muchas ocasiones hace que se te erice el vello. ¿Somos capaces de actuar así? El racismo sólo genera odio... odio y odio. Y sentir eso es agotador. Resulta repugnante ver cómo hay personas que van así por la vida, odiando a otros porque no son de su color. ¿Eso les hace felices? ¿Les gusta estar a la defensiva, pensando mal del otro continuamente? ¿No es mejor dejar que cada uno se dedique a vivir su vida?

Me ha gustado ver también, otra cara de la moneda. Algunos de los negros que aparecen en el film, tienen altos puestos de trabajo, y me resulta impresionante, que olviden su procedencia, que crean que por haber llegado al lugar donde están, parece que dejan de ser negros, y que son diferentes a los de su raza. Causan el mismo desprecio que han sentido siempre por parte de los blancos.

Algo parecido pasa con los sudamericanos o persas. En estos casos mostraban el rechazo y desconfianza que se tienen a estas personas, que se les juzga sin conocer. ¿Por qué tienen que demostrar que son honrados? ¿Por qué cada día se juegan a pulso lo que son? ¿Por qué se les señala con el dedo cada vez que sucede algo?

Y no sólo es el tema del racismo, si no todo lo que ello conlleva. El miedo, la pérdida de dignidad, la constante lucha... Creo que es una película que no deja indiferente.

Días de conversaciones

Días de conversaciones

Estoy por aquí otra vez. El mes pasado fue nefasto para mi en cuanto a escribir y aunque llevaba unos días pensando en volver, vuestros comentarios me han hecho sentarme de una vez por todas.

No sé en qué se me va el tiempo, de verdad. Ahora me he parado un ratito a hacer memoria del último mes para justificar mi ausencia y tampoco veo mucho para destacar. Lo que sí, varias conversaciones con mis amigas que me han dejado buen sabor de boca.

La semana pasada por ejemplo, iba en el metro de camino a casa y me encontré a una amiga a la que no veía desde hacía casi dos años. No sé quién de las dos puso distancia. A lo mejor ninguna, serían las dichosas circunstancias... el caso es que ambas nos alegramos de vernos. Ella empezó contándome parte de su vida. Había dejado la carrera en cuarto porque estaba algo hundida (cosa que no me extraña). Ahora estaba en su segundo año en empresariales y le iba muy bien. Decía que sentía como si hubiera renacido.

Yo... tuve poco que contar. Normalmente no me gusta hablar de mi misma y... en ese momento no se me ocurría nada original, ni divertido, ni digno de destacar para contarle. O... bueno, lo que realmente le hubiera contado, me parecía tan personal y fuera de lugar, que preferí callarme.

Estos dos últimos años, han sido los más importantes de mi vida. Le conté que hice prácticas en empresa, y que terminé muy contenta. También le dije que lo dejé con Sam, pero no le conté lo liberada que me sentía, ni todo lo que había cambiado interiormente, en mi forma de pensar, en cuanto a las relaciones. Ni lo que pensaba ahora de esa relación, el sí habría hecho bien o no saliendo con ese chico. En si estropeé varios años de mi vida encima siento totalmente consciente...

Me habría gustado explicarle que aunque perdí el año pasado en los estudios, gané otras cosas. Que me he vuelto más observadora. Que ahora pienso en el significado de lo que me rodea. Que me involucro en lo que leo, veo y escucho. Que intento cambiar mis pequeños (ENORMES) fallos. Que he enterrado pensamientos que me han inculcado desde pequeña, para empezar a pensar por mi misma. Que sé que el amor es posible. Que hay muchas personas en el mundo, y que sólo me tengo que detener a conocerlas. Que........ Bueno, le habría dicho muchas cosas más.

Anoche, cené con unas amigas, y también fue algo especial. Charlamos sobre el futuro. Esto es algo que... en ocasiones da miedo. Bueno, no en ocasiones, siempre. Estamos en un momento crucial, en el que debemos elegir, pero hay tantas cosas que nos gustan que... nos da miedo meternos en algo y después no estar muy contentas. También tenemos 24 años, y algunas amigas ya piensan en bodas o en irse a vivir con su pareja... Mare de déu, ¡yo no tengo ni novio! ¿Así va de rápido la vida?

O sea, vamos a resumir. Un buen día, acabas la carrera, y ya tienes que buscar trabajo. Entras en un trabajo, y ya sólo trabajas y el ratillo que te queda libre, lo exprimes como puedas y quedas con amigos, familia, etc..... Pasados unos meses, decides irte con tu novio a vivir. Y claro, como los alquileres están tan caros, mejor lo compras. Compráis.... sí, porque lo hacéis juntos. Algunos deciden casarse (después de unos años viajando, y haciendo esas cosa que los estudios no te dejan hacer por falta de dinero) y si no te casas, a lo mejor te quedas embarazada. Dios!!!!!!!!!!!!!! No, en serio, decidme, ¿así es la vida de rápida? ¿esto es lo que me espera? Jobar qué miedo... No sé yo si quedarme donde estoy, que por lo menos es conocido, y al fin y al cabo, no estoy tan mal.

Aunque... (como les decía ayer a mis amigas).... hay otras cosas por las que sí estoy deseando pasar. ¿Adivináis cuál puede ser alguna de ellas? (el que acierte se lleva premio).

PD1: Voy a dejar de pensar en estas cosas, que me entra el tembleque jajajaja. Antes de despedirme, os aconsejo que NO vayáis a ver “La huella del silencio”. El trailer es muy bonito y todo lo que queráis, pero la película un rollazo impresionante. La de “bajo cero” otro aburrimiento. La vi ayer con mis primos de diez años, que adoran los animales, pero YO NO. No me gustan, y.... qué paliza me dieron los animalitos...... Para que cierre yo los ojos en el cine, ya me tiene que aburrir la peli.... Espero que mañana no me decepcione Crash.... he quedado para verla.

PD2: Gracias por vuestros comentarios y por pasaros por aquí por segunda vez. Aunque no escriba, entro siempre. Y aunque no os comente, también os leo. Un beso.

En química...

En química...

¡Pero bueno! Ya hemos pasado mediados de mes, y tengo esto patas arriba. Sé que dije que últimamente no encontraba inspiración, pero echo de menos escribir lo que pienso, ordenar las ideas. Por eso, mientras limpio un poco las pelusillas del blog, os voy contando.

La Semana Santa ha salido por la puerta sin decir adiós. Ni me he enterado de lo rápido que pasaban los días. He hecho poco y nada, todo ello aderezado con el remordimiento de “kamala, tienes que estudiar”. Y eso he hecho.

He empezado varios posts en los que hablaba sobre la carrera, pero no los he terminado. En realidad, estoy contenta con ella, pero sé que lo podría haber hecho mejor. Es raro lo que me pasa. Veo la desidia de los profesores en la universidad, lo mal que explican y lo necesario que es que lo hagan bien porque son cosas difíciles de entender. A veces me pasan cosas de “mala suerte” con respecto a exámenes o asignaturas. O cambios de horario de laboratorios que te desorganizan tus tiempos de estudio. Sé que trabajar me perjudicó mucho, porque me quitaba prácticamente todas las tardes (ahora lo pienso y no sé ni cómo aprobé). Echarme novio también influyó bastante... El caso es que entre unas cosas y otras, la carrera se ha alargado más de la cuenta, y a mi se me está haciendo eterna.

En ocasiones, cuando me pongo a estudiar, me sorprendo por verme tan concentrada con lo que estoy leyendo. Y me engancho a la química. Leo, pienso... razono, comparo con lo estudiado en años anteriores... Extrañamente, me siento muy bien y el tiempo se pasa rápidamente. Y si es algo difícil de entender, cuando al fin lo comprendes, llegas a creerte semidiosa, y te invade una gran satisfacción. En estos momentos, me digo a mi misma “ey pillina, que te he pillado. Parece que te gusta la química, ¿eh?”

Pero ahora, prácticamente el único aliciente que encuentro, no es estudiar para aprender, si no estudiar mucho, para quitarme de una vez por todas la química de encima. Tengo muchas ganas de cambiar mi vida, pero primero tengo que terminar ésto. Es que... nadie me dijo que esta carrera era así. Yo aluciné. Cuando sales de COU crees que será continuar con la química como hasta ese momento, pero no tiene nada que ver. Es desentrañar cada parte, ir a la milésima fracción de todo lo estudiado. Entender por qué sucede una cosa y no otra. Saber qué pasará en unas condiciones determinadas. Y eso es, muy difícil.

También pienso que soy una científica rara. Debería ser completamente racional y controladora de mi vida, pero no es así ni de lejos. En el fondo me alegro, no me gustaría ser una persona fría. Sólo digo esto porque choco con el perfil. Pero sí coincido en esas ansias por conocer el por qué de todo. Cuando estudio una asignatura, no paro hasta que no comprendo cada frase, ni cada ecuación.

¿¿¿Y entrar al laboratorio??? Es un sueño, de verdad. Para mi, todo lo de alrededor deja de tener importancia. Sólo estamos mis experimentos y yo. Y hago todo perfectamente, sin fallos. Pensando lo que estoy haciendo. Intuyendo el resultado. Observando los cambios.

Aunque no sé qué será de mi futuro, ya que la química tiene salidas muy variadas, sé que no me arrepiento en la elección, porque mi vida ha cambiado totalmente. Todo lo que miro pasa a través del filtro de la química. Incluso en cosas cotidianas como es cocinar. Y me encanta saber. Pienso que todo esto no lo podría aprender si no lo llego a estudiar como carrera.

Y esto es todo por hoy. Espero que hayáis tomado fuerzas durante estos días.

Un beso.

Días de colegio

Días de colegio

Anoche no podía dormir, pero no me acerqué al ordenador a escribir, no tenía ganas. Puse la tele un rato y me enganché a una película que trataba de una mujer que no tenía pareja. Me gustó, porque transmitía todo con su mirada. Acabó pronto, y me volví a la cama.

Hice un poquito de caso a Pikifiore, y me puse a pensar en las cosas que había hecho durante el día, a ver si me relajaba. Por la mañana visité a una de mis primas, que estaba aquí de paso. Me dio una poco de cosilla, porque la vi muy mayor. Creo que ha sido la primera conversación como adultas que he mantenido con ella. Lo digo porque aunque nunca hemos dejado de hablar, antes decíamos otras cosas, pero ayer noté cuánto había crecido interiormente. Más madura y responsable.

Ella me recordó al colegio y me puse a pensar en esos años. Madre mía... cuánto tiempo ha pasado... Me parece increíble. Me llama la atención algo y es que ese primer año en el que llegué nueva, no lo pasé muy bien, pero de eso nadie se enteró. Al principio mi hermana y yo llorábamos por las tardes y le preguntábamos a mi madre que por qué nos había cambiado de colegio, que ya teníamos nuestros amigos. Pero veíamos que ella lo pasaba fatal, así que dejamos de hacerlo.

Antes era más dura conmigo misma. Si me pasaba algo, me lo guardaba para mi, y nadie se enteraba. Ahora me parece increíble algunas cosas que hice...

Las clases tampoco facilitaban ese cambio. No sé por qué razón, los profesores siempre me han puesto con los peores chicos de la clase, los que peor se portaban. A mi me sentaba fatal, porque no me llevaba bien con ellos y no ayudaba nada a que yo me integrara e hiciese amigos. Conocía a las niñas de mi clase, pero yo quería a mis compañeros del otro colegio, los eché mucho de menos ese año.

Además de estar incómoda con mi compañero de pupitre, en clase quería que me tragara la tierra. Todo el mundo había dado las divisiones con más de una cifra, pero yo no -en mi antiguo colegio no llegamos a tanto-. La profesora nos ponía unas cuantas divisiones y sacaba a la pizarra a los que no sabían hacerlas y se lo explicaba ahí. Ay madre... yo antes muerta que rodearme con los peores de la clase. Encima ahí, para que me viera todo el mundo que no sabía dividir.

Logré escurrir el bulto durante unos cuantos días, pero como veía que la profe no soltaba las divisiones, pensé que no me quedaba más remedio que aprender como fuera, porque cualquier día me iba a preguntar y no iba a saber contestar. Por eso, en el primer fin de semana que tuve, aproveché y le pedí a mi padre que las explicara. Y creo que es lo único que me ha enseñado mi padre en toda mi vida de estudiante.

Luego las cosas cambiaron. Me sentaron con una niña al final de la clase, y... lo pasé genial, para qué os voy a contar. Lo mío siempre ha sido el sentarme detrás, para tener una visión de todo lo que pasaba a mi alrededor y así poder hablar a mis anchas. Me partía de risa y los profesores siempre miraban intentando pillar al que hablaba, pero al sentarnos tan lejos, el murmullo le llegaba distorsionado jajajaja.

La profesora (qué asquerosa, qué manía le tengo todavía) nos ponía un listado de divisiones, y me convertí en la mejor de la clase. Nos prohibía hablar e incluso levantar la mano a no ser que ya hubiéramos acabado. Cuando yo lo hacía, me decía:

- ¿Qué quieres?
- Ya he terminado.
- ¿¿¿Ya???
- Sí –yo no hablaba mucho antes jajajaja pero lo que es ahora...-.
- Muy bien “in Patmos” –me llamaba por mi apellido-.

Y a modo de felicitación me daba un cachete en la cara que me hacía un daño....

Recuerdo muchas cosas más, pero... os voy a aburrir. Después de todo este tiempo, cuando pienso en el colegio sé que me lo pasé muy bien, pero había días que... se me hacían eternos, sobre todo del primer año. Pasábamos muchas horas ahí metidos. No sé, tal vez otro día cuente más cosas.

Ahora me marcho. Llevo unos días pensando que tal vez sería buena idea dejar esto por un tiempo. No me apetece escribir. Cada vez que entro a mi blog, pienso que “tengo que escribir” en lugar de “jo, a ver si tengo un respiro y puedo escribir algo”. Tiempo tengo, o por lo menos puedo sacarlo. Lo que pasa es que no me da la gana y me agobio. Ya veré qué hago. Qué vaga soy para escribir...

Un beso.

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Más sobre mis compañeros

Más sobre mis compañeros

Hace tiempo que no hablo de la gente de inglés. En enero el grupo se amplió con tres personas más. Una chica que estudia farmacia, otra que es muy pija y un chico que es informático. Pero también se dieron de baja dos: el Piloto (en febrero fue padre) y otra chica de la que no os he hablado nunca.

La farmaceútica es menor que yo, y el otro día me preguntó que si había dado una asignatura en mi carrera sobre espectroscopía. Le dije que sí, y la vi interesada, no paraba de contarme lo que hacía ella para resolver los problemas. Como la vi tan liada, me ofrecí para ayudarla y darle una clase el viernes (ayer).

Por eso quedamos en su facultad. Me dejé un poquito la voz en la explicación, porque cada vez que hago de profesora, no dejo de hablar para que lo entiendan "perfectamente". Les hago preguntas para ver si me siguen y lo van comprendiendo, y uso algún que otro truquillo para pillarles. (Nunca os he hablado de la niña a la que di clases, pero puede que lo haga pronto).

Cuando nos íbamos hacia casa, nos pusimos a hablar de los tiempos del colegio, porque casualmente fuimos al mismo instituto. Ella no acabó muy contenta, así que el bachillerato lo hizo en otro lugar, y yo le comenté que mi año de COU fue muy especial, que la relación con los profesores fue estupenda, porque nos sentimos muy unidos tras la muerte de Niña Tranquila. Ella también lo recordó, porque se enteró todo el colegio. Incluso suspendieron las clases aquel día.

No acostumbro a hablar de Niña Tranquila, ya lo dije una vez, pero ayer cuando salió el tema, la farmaceútica me contó que su madre iba con la niña a clases de pintura. Me sorprendió enterarme de más cosas sobre ella ahora que ya no vive.

Hay otra chica en inglés, que estudia psicología. A mi me encanta la psicología, me parece que nunca os lo he dicho. Y muchas veces nos pasamos un buen rato hablando sobre esas cosas. Me gusta escucharla, pero sobre todo la envidio, porque ADORA lo que está haciendo. Ella disfruta con lo que estudia y con lo que hace, cosa que... a mi no me ocurre.

El otro día hacía mucho que no venía. Cuando llegué a clase, es curioso, pero me los encuentro a todos callados. Sin embargo, es llegar yo, y empezar a hablar sin parar, que muchas veces llega la profe y nos dice que si queremos seguir hablando que lo hagamos, ¡pero en inglés! Digo ésto porque la psicóloga se quedó callada. Al acabar la clase, nos esperó y bajamos charlando con ella, y nos contó que la tenían que operar casi de urgencia. Uff... qué miedo da enterarse de estas cosas. Me dio mucha pena, porque una enfermedad te sobreviene y no puedes hacer nada contra eso. Y ella parecía asustada.

Yo intenté quitarle hierro al asunto, pero siempre que salen estos temas, todo el mundo cuenta de enfermedades de las que han oído hablar, y eso supongo, que la ponen aún más nerviosa. Le han dicho los médicos, que tendrá que dejar momentáneamente sus quehaceres habituales. Pobre. Pero bueno, le va a ir muy bien, seguro. Es un parón, pero ya está.

Y tengo poco más que decir. Que la vida sigue, sólo eso. Con sus más y sus menos. Con buenas y con malas noticias. Una buena por ejemplo, es que a una amiga le han dado una beca e incluso le han ofrecido hacer la tesis. Imaginaos... qué suerte... ¿Quién sabe lo que me deparará a mi?

Un beso suave pero cariñoso.

Saliendo de mi vida

Saliendo de mi vida

Ayer no fue un día muy agradable. Recuerdo que hace cinco años (madre mía cómo pasa el tiempo), empecé a salir con Sam. El 30 de marzo era nuestro aniversario, pero no sé por qué se me quedó grabado el día 28 y siempre que se acercaba la fecha, tenía que detenerme a pensar bien cuál de los dos era nuestro día. Por eso ayer me levanté algo rarita. Me puse a pensar en lo contenta que estaba yo por aquella época. En lo feliz que me sentía y en lo mal que estoy ahora.

La mañana pasó como siempre, pero cuando llegué a casa, me dolió otra vez mi hora de las dos y media. Estoy aparentemente tranquila, pero en mi mente hay un reloj que va contando los minutos. Incluso me parece oir el tic tac dentro de mi. Recuerdo una pequeñez sin importancia que me lleva a otra. Después, a otra. Y al final, de tanto pensar, me tengo que tapar la cara para ocultar las lágrimas.

Ese momento me suele pillar en cualquier parte de la casa. Pero de ahí, voy al sofá, donde me tumbo a seguir llorando desconsolada. Llevo cuatro días así, y no mejoro en intensidad. Cada día me pongo más nerviosa... Y si lo acompaño de música, lo llevo aún peor, pero por lo menos nadie me escucha llorar.

El primer día me preocupé por la cara que se me quedó. Todo el mundo iba a notar que había estado llorando, pero como nadie me dijo nada, ahora ya ni me molesto en disimular. Me lavo la cara con agua fría y me seco los ojos. Pero lo que no se va es la expresión triste de la mirada.

Ayer... se me fue un poquito la lengua, y dije cosas que mejor me hubiera guardado para mi. A él le hago tanto daño como me lo estoy haciendo a mi, por eso hemos decidido que es mejor separarnos. Por un lado me da pena que hayamos tenido que llegar a estos momentos en los que me pongo... hecha una fiera, desquiciada. Pero es que me sube una impotencia, unas ganas de cambiarlo todo que... no puedo evitar callarme. Y mientras le digo cosas que le duelen, soy yo misma la que empieza a llorar por ver cómo me comporto. (Lo siento tanto.... tanto.....).

Por la tarde tuve muchas cosas que hacer. Lo primero, un puré que no me quedó nada bien. Pero no importa, sólo lo voy a comer yo. Y después, la verdad es que no recuerdo. Tenía trabajo acumulado de la universidad, y estuve entretenida, pero cansada de mi y de mi vida.

Por la noche recibí una llamada de una persona que me dio una mala noticia. No sé, parece que no levanta cabeza tampoco. Y yo no puedo hacer nada por cambiar lo que le ocurre. Sólo pueden los médicos.

Después de hablar con él, leí una notita de mi personita especial, que me dio mucha pena otra vez... Pero es lo mejor. Así que, me senté en el sofá a continuar escribiendo cosas de la universidad mientras esperaba a que llegara mi madre del trabajo.

No llevaba ni cinco minutos sentada, cuando vuelve a sonar el teléfono. Era ella. Tranquilizándome, me dijo que estaba bien, pero que le habían robado el bolso. Salía del metro, y uno pasó corriendo por su lado, y se lo llevó. Aunque mi madre lo sujetó con fuerza, el asa se rompió. Bueno........ no sabéis la impotencia que sentí de nuevo. A mi me puede pasar cualquier cosa, pero no soporto que le pase a ella nada. A ella no. ¡Que nadie la toque! Ella... que llegaba cansada de trabajar, una persona honrada... con dolor físico, deseando llegar para estar en su casita... No sé. Ésto sí que me partió por la mitad.

Salí de casa corriendo para que no estuviera sola. Mientras corría, iba pensando que ojalá me lo encontrara en ese momento. Le hubiera molido a golpes (probablemente no habría hecho nada. Tal vez insultarle, pero no pegarle. Lo que pasa es que, ya se sabe, la violencia engendra violencia, y yo llevo una temporadita que atiendo poco a razones.)

No había ni un alma por la calle. Cuando llegué, mi madre estaba con Saturno en el coche. Íbamos a dar una vuelta por si podíamos recuperar algunas cosas. A lo mejor el ladrón había tirado el bolso tras coger lo que le interesara. Pero después de un buen rato rastreando la zona, no hubo éxito.

Ahora toca dar de baja.... repetir carnets... hacerse una gafa nueva.... cambiar la cerradura.... Cambiar la cerradura. Qué casualidad. A él también le han robado hace unos días, y ha tenido que cambiar la de su casa. Y ayer justo, después de despedirnos, me ocurre a mi lo mismo.... Pienso que es como... cerrarnos la puerta de nuestras vidas. No lo sé, una tontería pero... entre la canción de volver, y lo de la puerta... parece que se aleja definitivamente de mi.

Hoy ya no he llorado a esta hora. Creo que voy a buscarme algo para mantenerme ocupada a estas horas y no pasarlo mal. Cada uno se cuida como puede. Yo tengo que engañar a mi mente buscándola cosas para hacer. Me da pena no contarle en persona lo que pasó ayer, por ejemplo. Me gustaría decirle lo que sentí al ver a mi madre, cómo estaba. Que la vi muy guapa, tan alta y delgada, pero pasándolo mal. Me hubiera gustado ser ese hombre que la consolara. Me gustaría contarle más cosas de ella para que me ayude a ayudarla. Por que sé que él puede. Pero como llevo unos días tan enfadada con la situación, ni siquiera le he podido comentar nada. Él lo entendería. Me conoce a mi, y mi madre es muy parecida...

Y me da rabia que le haya pasado ésto anoche a mi mamá, justo después de la conversación tan importante que mantuvimos el día anterior. Es frustante cuando luchas por hacer lo mejor, y de repente pasan cosas que te hunden. Podréis pensar que sólo ha sido el robo de un bolso, pero conlleva muchas cosas. Los miedos, el trato de la gente, la desilusión, el no tener a alguien a tu lado, el no poder hacer nada...

Le he dado muchos abrazos desde anoche, y hoy me lo ha agradecido "mi nena cómo me cuida y cuánta compañía me hace". Y yo siento que para mi es poco. Que ojalá pudiera hacer aún más por ella. Evitar que sufra. Decidme, ¿se puede construir un mundo mejor para los mayores? No sé, estoy harta de escuchar que yo soy el futuro para los que han de venir. ¿Pero y de los que quedamos quién se ocupa?

Bueno... hoy sigo triste, pero por lo menos no he llorado aún. Estoy demasiado enfadada con el mundo como para llorar. Pero.... me duele el nudo en la garganta...


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