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Resumen

03/09/2005

¡¡Hoy es mi cumple!!

birth-cake.jpg
Así de rico está el mundo que te está esperando para
que te lo comas. Tienes la fuerza, la inteligencia y el
valor que te hacen falta, además de un corazón latiendo
fuertemente (por qué y por quién, es cosa tuya).
Hagas lo que hagas, para nosotros ya tienes la gloria,
te queremos un montón y estás guapísima, así que...
¡¡¡¡¡¡FELICIDADES!!!!!!


Esto me lo escribió una tía mía hace unos años para felicitarme. Me encantó, y lo he querido dejar aquí.

No sé por dónde empezar. Diré que hoy cumplo 24 años y que nací un jueves. Si miro hacia atrás, creo que poquísimas veces he celebrado mi cumpleaños en su día, siempre he modificado la fecha. Cuando era pequeña, como en septiembre no había colegio, lo celebraba en marzo, el mismo día que Luna e invitaba a mis amigos a una fiesta. Y ahora de mayor, me junto con otras amigas para hacerlo a la vez –si es que lo celebramos, porque al final no nos ponemos de acuerdo. Aún así, tomamos algo y nos damos los regalitos-.

De las fiestas que he hecho, recuerdo una, con unos 8 años, que tras llegar a casa del colegio vimos todo precioso. Mi madre había adornado el salón con globos y estaba casi todo colocado, el mantel, los vasos, las servilletas, la piñata... Eran de color azul, creo que de Snoopy y me quedé con la boca abierta. Lo único que me dio rabia fue que mi madre no podía estar, porque trabajaba. No he sido una niña mimada, ni he estado muy enmadrada, pero nunca me ha gustado que me falte mi madre.

Lo que más me gusta de mi cumpleaños son los regalos, pero recuerdo muy pocos. Uno especialmente fue una libretita de crucigramas que vendían de pequeña del Oso Yogui. Llevaba toda la noche del día 2 encima de mis padres: ¿Y por qué no me dais un regalo ya? Por favor, sólo uno ¿Y por qué no?. Pero mi madre era imposible de convencer. Miré a mi padre con ojos de corderito degollado, que sé le que pueden (jajajaja) pero me dijo que no. Al momento, me mandó quitar la mesa, y yo, que siempre he sido muy quejica, me puse a relatar Jolín, pues vaya, no me dais ningún regalo y encima tengo que quitar la mesa, con lo que ¡lo odio!, hasta que mi padre me pidió que recogiese las servilletas, y... ¡ahí estaba la libretita! Qué tontería y qué ilusión me hizo...

Ahora de mayor, me gustan los regalos hechos con las manos. No podía dejar de contaros el detalle de Ojos Tristes. Me ha felicitado con una especie de carta donde habla de mi. Son cosas que ha ido descubriendo a lo largo de este año, porque curiosamente, nos conocimos a finales de septiembre. Se me puso un nudillo en la garganta mientras lo leía, me impresionó lo bien que me conoce aún en cosas de las que no hemos hablado nunca, pero ya sabe cómo pienso. Ha sido precioso... No lo olvidaré nunca... Cuando me tiró de las orejas para felicitarme, no sé por qué número se iba pero interrumpió la cuenta para decirme que me quería. Al llegar a los 23 se me pasó por la cabeza que a esa edad le conocí, y él también lo dijo Veintitrés, aquí me conociste. Qué cosas pasan...

Siempre hemos hecho algo especial en mi cumple, a veces con mis amigos, y otras con mi familia. En la época de los 10 a los 12 ó 13, íbamos al Parque de Atracciones. Qué guay, era genial, pero el mejor año fue cuando mi madre ¡al fin! nos dejó entrar al Pasaje del Terror... Increíble. Llevábamos todo el verano planeándolo, y avisándola de que de ese año no pasaba el que no nos dejase entrar. Cuando llegamos allí... qué nervios... Me acuerdo que chillamos muchísimo, íbamos todos “cagados” jajajaja, unos empujones... casi nos matamos por las escaleras jajaja, el curilla de la Niña del Exorcista nos arañó con una cruz que llevaba (era la señal de guerra que los días siguientes íbamos enseñando al resto de los niños), y al salir, una amiga lloró de lo mal que lo había pasado, jajaja, pobrecita. Fue, sin duda, la vez que mejor me lo pasé, y el Pasaje nunca ha vuelto a ser igual.

No me importa cumplir años, pero noto lo rápido que se me está pasando la vida. No te das cuenta de cuándo las cosas empiezan a cambiar. Antes, los regalos estaban plagados de juguetes... me juntaba con todos mis primos... y no pensaba nunca en lo mayor que era, sino que esperaba ansiosa tener más edad. Ahora que lo pienso, me doy cuenta de que era muy feliz porque sólo me preocupaba el hoy. El mañana era algo que ya llegaría y el ayer, era tan lejano...

A Rainbow no le hace gracia cumplir años. Dice que significa el paso del tiempo, el hacerse mayor, tener más responsabilidades... y bueno, parte de razón tiene. A mi no me gusta ver, por ejemplo, que mi abuela está mayor, ni tampoco la serie de problemas y las decisiones que tenemos que tomar. Algunas cosas son difíciles y se hace duro. Ahora, a veces, nos vemos en situaciones en las que nos toca “estar”, la gente espera de nosotros una respuesta y no podemos eludirla. Si antes te enfadabas con un amigo, duraba poco, se solucionaba con unas paces y al instante, como si nada hubiera pasado. Ahora... hay que hablarlo. Te encuentras con gente que es falsa, o muchas veces eres tú misma la que tienes que ir con una máscara. De pequeña yo no veía hipocresía.

A pesar de todo eso, a mi sí me gusta avanzar en la vida. Lo que ya he pasado me lo sé, no me quiero quedar en ninguna etapa anterior, me gusta ir descubriendo las cosas que trae la edad. Empiezas a separarte de la mano de tus padres, esa que tanta seguridad te daba. Ellos depositan confianza en ti, y como son personas con los mismos problemas que puedas tener tú, se van abriendo, y descubres que tienen también debilidades, que lloran, que no tienen la solución a todos los misterios. Esto asusta un poco, sientes que nada es seguro, pero te hace sentir bien el comprenderlos. Con tus amigos es diferente, vas a otros sitios, se hacen otras cosas... Pero lo que más me ha gustado de hacerme mayor ha sido, descubrir el amor. Ahora no entiendo qué hacía o en qué pensaba antes, porque desde un tiempo a estar parte, todos mis mundos -el real, el virtual, el que sueño, el que me invento o el que me imagino- se mueven en torno a él. Y me encanta. Yo me quedo en mayor, me gusto más.

Y para terminar, como si mi cumpleaños fuese fin de año, me propondré ciertas cosas. Rescataré parte de mi amor propio, recuperaré fuerzas y ganas para estudiar y acabar la carrera, me querré más a mi misma y equilibraré los sentimientos con la razón. Cuando yo esté perfectamente bien, lo estaré también para los demás, lo sé.

Un beso a todos. No me tiréis muy fuerte de las orejas, ¡que llevo pendientes nuevos!
Sábado, 03 de Septiembre de 2005 01:10 ;?> Hay 24 comentarios.

10/09/2005

Un sentimiento

Llevo tiempo sin escribir, pero la vida no se ha quedado en el día 3.

Cuando os contaba que... de mayores nos pasan cosas en las que nos toca “estar”, os tengo que confesar, que pensaba en la muerte.

Me cuesta escribir sobre esto. A cada frase, me paro unos segundos a pensar y a borrar.

Me parece muy curioso el que estemos algunos de nosotros dándole vueltas a lo mismo en la cabeza. El tema ha pasado en pocos días por el blog de Ezne, de NiCo y en el de Su. También por mi vida.

Hace un par de semanas, fui al hospital para ver a mi abuela. Está mayor, y le costaba mucho respirar. Fue una sensación extraña y pensé miles de cosas durante el tiempo en el que estuve en esa habitación. Pensaba... en lo corta que es la vida, en lo joven que soy y en la suerte que tengo. Y no me doy cuenta. Me paso el día quejándome y sintiéndome mal por no conseguir lo que quiero.

Me dio pánico verla tumbada en la cama, sin ganas de mirarnos, sólo deseando morir.

No sé qué mal ha hecho mi abuela para estar viviendo los últimos días de su vida de esta manera. No quiero pensar que se debe a algo.

De mi alrededor, sólo han muerto dos personas. Y aunque es triste, lo entiendo.

Creo que la muerte de Niña tranquila, me tocó mucho. He hablado poco de ello, pero es algo que tengo dentro y salta de manera permanente en muchas ocasiones. Se suicidó con 18 años. Sólo conozco detalles de lo que se le pudo pasar por la cabeza para hacer eso, pero ninguno estamos seguros de nada, sólo ella lo sabe.

A veces parece que me avisan de que un momento se va a convertir en importante. Recuerdo la última vez que la vi. Salía de un examen y yo estaba en el pasillo del instituto esperando probablemente a alguien, no lo sé. El caso es que ella se paró delante de su clase y pensé en acercarme a preguntarle qué tal le había salido, pero estaba muy triste, no era buena idea, no le habría ido bien. Llevaba un pantalón claro, una camisa roja y una coleta. Bueno... no... esta no fue la última vez que la vi...

Un día en clase, nos sentaron juntas y no paraba de hacerme preguntas sobre lo que el profesor explicaba. Nunca me ha gustado que me hablen en clase, estoy atenta, pero aquel día, no sé de donde saqué paciencia y le iba contando todo lo que no entendía, hasta que el profesor me regañó. Me acuerdo que me sentó fatal que me llamara la atención de esa manera, se puso muy borde, pero ella me pidió perdón, y no tuve corazón para enfadarme con ella. Y menos mal, porque ahora me sentiría fatal al pensar que fue la última vez que hablamos.

Cuando llegué a casa, mi hermana me dijo que me había llamado Angie porque alguien se había suicidado. No me lo podía creer -como dice Su-. No te lo crees. Cuando eres tan joven, piensas que eso sólo pasa cuando alguien es muy mayor, pero con toda la vida por delante, que ocurran estas cosas no tiene lógica.

No voy a contar qué sucedió, porque fue horrible. Sin palabras. Lo tenía todo medido y no flaqueó en ningún momento. Siempre he pensado, que ojalá alguien hubiera hablado con ella para que canalizara toda la fuerza que demostró en hacer lo que hizo, en intentar arreglar las cosas que no le gustaban de su vida. Me impresionó su valentía frente a la muerte, y sus pocas ganas de saber qué pasará en el mañana, cuando ese año odioso para ella, hubiera quedado bien lejos.

Me acuerdo perfectamente de aquel día gris. Parecía que todo sucedía a cámara lenta. Quedar con mis amigos para ir al cementerio... llegar allí... ver a su familia... y a todo el mundo destrozado...

Pensaba en todo y en todos. Los profesores lloraban. Sus hermanas intentaban aguantar lo que llevaban por dentro. Su padre parecía loco hablando con ella. Y su madre, era una maraña de pelos revueltos, mojados por las lágrimas... caída en cualquier asiento y con la desgarradora frase constante que no paraba de repetir una y otra vez entre sollozos... Sólo decía su nombre.

Ese día es mío, forma parte de mi recuerdo y tambaleó la seguridad mentirosa que es el creer que por ser joven, la muerte no toca.

He dicho que pensaba en todos. También en los sepultureros, que hacen eso cada día. Encierran un cuerpo sin vida. Espero que el día a día no les vuelva tan insensibles como para que no les afecte el malestar del resto de personas que están ahí viendo cómo hacen, lo que no soportan ver.

No me quiero quedar con su imagen de aquel día. Hacía honor a su nombre de Niña tranquila. Su aspecto transmitía paz. Pero yo, sin saberlo, había congelado hacía tiempo un momento para recordarla siempre. Fue un día de primavera, éramos más pequeñas y... nos vimos paseando por El Retiro. Sólo nos dijimos hola, y nos sonreímos. Pero ahora, cada vez que paso por allí, siempre miro y retengo unos segundos su imagen en mi cabeza. Y pienso en su voz, para no olvidarla nunca.

No sé cómo al final me he puesto a contar esto. Sólo pensaba dar muchos ánimos a Su, ya que sus dos últimos posts han sido los que han despertado estos recuerdos. Que como he dicho no están dormidos, que siguen presentes en mi.

Creo que empezar hablando de mi abuela, y de aquel día en el hospital, era un pequeño truco que ha usado mi mente, para en realidad hablar de ella. Necesitaba poner en orden sus recuerdos.

Hace unos días, una amiga me llamó para contarme que había muerto una amiga suya. Con 24 años. Y pienso en lo injusta que es la vida, que se la da a quien no la quiere, como a mi abuela, y se la niega, a quien la vive en plenitud.

El post de hoy se podría llamar sentimientos, porque lo he escrito como son ellos. Son tristeza, son ternura, amor y odio. Un desorden y una mezcla de todo. Un sentimiento, es lo que llevamos dentro. Y yo esta vez, he dejado salir, a uno de ellos.
Sábado, 10 de Septiembre de 2005 01:09 ;?> Hay 13 comentarios.

14/09/2005

No quiero ver tus ojos de hielo

Jo, no sé qué escribir en el blog. No es que no tenga cosas que contar, pero siempre me salen temas tristes, y eso no quiero.

Hago repaso de todo lo que llevo escrito y... qué pastelosa, cursi y ñoña soy, ¿no? Madre mía, no me aguanto. Y sé que escribo así, por las circunstancias, por lo que toca mi vida. Después de un tiempo, cuando todo se haya pasado, me odiaré al releerme, lo sé.

Este año he descubierto eso de transmitir con palabras. La verdad, antes ni siquiera se me había pasado por la cabeza, aunque sí sentía que leyendo a ciertos escritores algo se movía más dentro de mi. Pero ahora que os leo y sobre todo, que me leéis... alucino.

Entráis aquí y a lo mejor me comentáis:
“kamala, como siempre, dices muchas cosas cuando se trata de sentimientos”
“este post debe estar en cosas del corazón, porque también has logrado alcanzar el mío”
“no es lo que dices, sino cómo lo dices”

Cuando leo estas cosas, me siento desnuda. Como si supierais demasiado de mi. Pero no me importa. Es una de las cosas que tiene el que no nos conozcamos personalmente, que tras apagar el ordenador, estas cosillas que siempre cuesta contarlas, se quedan aquí. En mi vida real prefiero que no noten esta sensiblería mía de la que os digo que estoy harta.

Admiro a Marta y a Rafael. Tienen miles de inspiraciones, pero no sé qué tienen en su vida cotidiana. No sé si tienen pareja, si lo que escriben va dirigido a alguien... Casi siempre son textos escritos de buen humor o con una ternura... que no deja hueco para pensar en negativo. Son optimistas y lo dejan entrever en cada comentario que hacen en todos los blogs donde les veo.

No sé por qué estoy escribiendo esto. Hoy es un día plano. Lineal, de los que no pasa absolutamente nada y nada me perturba. Llevo toda la mañana tranquila, sin alterarme. Sin que haya sentido de manera intensa algo que me bombee fuerte el corazón. Y eso es algo raro en mi, que soy emocional –como ya os dije-.

¿Lo mejor del día? que ya me funciona bien el reproductor de música del ordenador y puedo escuchar una de mis canciones favoritas, “ojos de hielo” de Modestia Aparte. No es lo que dice, porque no presto atención a la letra, pero la música... me encanta. Me acompaña en los días planos. Y en alguna que otra conversación por messenger, escuchada una y otra vez... durante horas y horas... Y los dos la misma, lo que pasa es que tú no lo recuerdas.
Miércoles, 14 de Septiembre de 2005 01:09 ;?> Hay 12 comentarios.

17/09/2005

Su cara oculta...

Su cara oculta......jpg
En febrero, después de exámenes, me fui a ver a Corazón de león. Estaba agotada por muchas cosas. No me había ido bien en los estudios, tenía dolores de espalda que venían desde el verano y encima ya estaba terriblemente enamorada de Ojos Tristes.

El año anterior tampoco pasaba por mis mejores momentos. Lo había dejado con Sam y aunque fui yo quien había tomado la decisión, sentía ese mismo vacío que pudo sentir él. El caso es que quise desconectar, y las cosas que hicimos, que pasaron y que surgieron, me hicieron mucho bien, y siempre recordamos esa semana como algo especial. Por eso en febrero quise hacer lo mismo, pero... no fue todo como esperaba.

Cuando llegué a Alicante, su casa estaba invadida, no vivía solo. Soy una persona abierta y no me importa que me presenten a gente nueva, me sé desenvolver, lo que pasa es que... cuando no se está muy bien anímicamente, tus ganas son menos. Te apetece estar con los de siempre, y tal vez, llorar un poquito sobre su hombro. Pero bueno, no pasó nada.

Después de comer, Corazón de león anunció a sus amigas que él y yo nos iríamos a tomar un café. No sé, no me resultó extraño. Pensé que como hacía tiempo que no nos veíamos, quizá lo dijera para tener un poco de intimidad, para contarnos nuestras cosas. Pero sí me mosqueó el misterio, la complicidad en la cara de todos, como si me tuviera algo que contar...

Nos fuimos a una de sus cafeterías favoritas. Yo me introduje hasta el fondo, donde había un patio con mesas redondas y una fuente en el centro. Me resultó muy acogedor, con luz tenue... y solos. Invitaba a contar secretos.

Tenía frío, no había nada de calefacción, y Corazón de león me dejó su sudadera. Me encantó la sensación de sentirme pequeña abrazada por ese jersey... Así... empezamos a hablar. Fui yo quien le dijo que me había enamorado y que no podía ser. Él, como siempre, me escuchaba y me miraba a la cara, con esa expresión tan suya de mezcla de comprensión y cariño. Su cabeza ladeada y asintiendo de vez en cuando en los momentos adecuados.

Ese mismo frío... la sinceridad... le hicieron recordar un día de diciembre, cuando habló con Cabecita loca. También fue día de confesiones. Y así, me empezó a contar algunos momentos que le habían marcado en su vida. El comienzo de la carrera... la soledad del último año... y dejó para el final, lo más importante:

- ¿Sabes? yo también he estado enamorado.
- ¿Ah sí? no me habías dicho nada nunca.
- Sí, de mi mejor amigo.
- ¿¿¿???
- kami, soy gay.

Me dejó helada. No supe reaccionar. No sabía qué decir. Balbuceé cosas como “A ver... ¿en serio?¿estás seguro?”. Y me dijo que sí. Fue un shock, de verdad. No lo esperaba. De él no. Le pregunté que qué pasaba con las chicas, sus amigas... las que él decía que le gustaban. Y me respondió que todo había sido idílico, como si la sensación de sentirse compenetrado, a gusto y entendido por ellas fuese igual que lo que debía ser el amor.

Yo entendía, claro que podía entender eso, pero... mentalmente hacía balance de toda nuestra vida juntos. Nunca noté nada. Sí que es una persona quizá diferente para ser un chico, pero...

En ese momento, me pidió que dijese... que hiciese algo, me había quedado muy callada, pensativa. Le miré interrogante preguntándole el qué. Él dijo que... por lo menos un abrazo... ¡Claro que se lo di! Me levanté y estuve mucho tiempo abrazada a él. No sé qué pensó, pero por mi mente sobre todo había confusión. Me alegraba de que él se sintiera bien consigo mismo. Con lo importante que es para mi el amor, quiero que él lo viva, sea con un hombre o con una mujer, quiero que lo viva y lo sienta. Pero también chocaba con todo lo que podría sufrir con las personas de su alrededor. Y con la familia.
No le abracé antes de que me lo pidiera, pero lo pensé. Si lo hacía él podía creer que era por pena, cuando en realidad, no pasa nada...

El abrazo podía haber durado más, pero como es poco cariñoso, rompió pronto el hechizo “hale kami, ya” jajajaja, ¡para matarle! No deja que una sea cariñosa...

Cuando llegamos a su casa, claro, sus amigas sabían qué me iba a decir en ese café. No sé, me dolió un poco no haber sido la primera en enterarme y también que todo el mundo supiera que lo acababa de hacer. Me sentí un poco observada, estudiaban mi reacción. Para colmo, entre ellos, que lo sabían desde hacía meses, ya era algo natural, pero para mi no. Ya hablaban del tipo de gustos en chicos, se bromeaba con su tendencia y a mi... uff, se me hizo duro, no lo voy a negar.

Mentiría si no confieso que pensé que se había equivocado. Por las cosas que le han tocado vivir, creía que... todo eso era una forma de llamar la atención y sentirse protagonista. No sé...

Sin embargo, todo cambió por la noche. Llegamos al piso después de haber visto una película en casa de unos amigos. Estábamos él, Helen y yo. No sabéis cuánto agradecí la discreción de ella. Nos dejó hablar y poder ser, como siempre, sinceros aún en su presencia. Lo necesitaba. Corazón de león empezó a contarme más y yo... parece que empecé a entenderle. Me enseñó fotos de un chico con el que estuvo, y aquí, me tuve que reír, porque pude comprobar por las pintas del chico que en verdad era gay jajajajajaja (no me mates, ¡¡que tú mismo te reíste!!). Me contó un relato muy bonito sobre Barcelona –no sé si me dejará contarlo a mi o querrá hacerlo él- y bueno... me hice más a la idea.

Cuando nos metimos en la cama, ya solos, en su habitación para dormir, dijimos las últimas palabras del día con la luz apagada, y sin mirarnos a los ojos –es cuando salen más veloces y directamente del corazón-.

- Él (su él)... un día subió a casa con un regalo. Había bajado a comprar y se acordó de mí y me trajo un detalle. Lo tuve guardado durante mucho tiempo.
- Jo Corazón de león... qué bonito... (aquí comprendí que de verdad había estado enamorado. Se nota, esas cosas se notan... en el tono de la voz, en el tiempo que se toma para decir cada frase... en la esencia melancólica que lo envuelve todo. Yo, por supuesto, no me creí que se hubiese desecho de él).
- ¿Sabes kamala?
- Dime Corazón.
- Me da pena que no pueda ser. Que tú, Cabecita loca y yo, no podamos estar con esas personas.
- Ya...
- A ella se la ve tan enamorada, que parece que el amor sea posible, que realmente exista.
- Sí... yo pienso lo mismo.
- kami, olvídate de él. Yo quiero que seas feliz, no quiero que sufras.
- Lo sé, pero... cómo cuesta.
- Lo sé...

Era tarde, y tras esa conversación, nos entregamos al sueño.

Cuando regresé a Madrid, se lo conté a Ojos Tristes. Él, medio me regañó, porque yo le hablé de mis dudas, mi primera reacción de negarlo todo... y me dijo que cada cual era libre de sentir lo que quisiera. Yo eso lo entendía, pero cuando se trata de alguien cercano, del que nunca lo hubieras imaginado... creo que se necesita tiempo para empezar a creértelo.

No volvimos a sacar el tema pero en mi regalo de cumpleaños, en esa especie de carta que me hizo, sí que escribió un comentario. Dijo que... le había sorprendido mi reacción, el tiempo que me tomé para reflexionar... para dejar desnudos mis miedos, el susto del principio... y que empecé a despojarme de todo eso para llegar al final, a la esencia, entendiendo que la tendencia íntima de cada ser humano, es muy suya y que nadie, nadie.... debe ni puede intervenir en esos sentimientos.

A mí sí que me sorprendió que él se diera cuenta de todo eso. Que sea capaz de saber qué estoy pensando, aún sin decir nada... sólo, por mi manera de hablar en los días sucesivos... Además de dejarme sin palabras, me da aún más pena saber que perderé a una persona así, que me conoce tan bien y con esa disposición que tiene siempre para escucharme, para hacerme mejor, para que sea feliz y su preocupación por mi... Bueno, yo no le dejo escapar, he hecho lo que estaba en mi mano...

Mi niño Corazón de león es alguien que me ancla al mundo. Es... no sé... saber que podré contar con él, que no me fallará y que estará en mi vida para siempre. Me alegro de que el amor nunca pueda romper nuestra amistad porque nos empecemos a ver con otros ojos. Entre nosotros, no puede haber otra forma de mirarnos (y ahora menos que antes).
Qué bien que sea así, porque le necesito en mi vida. Os encantaría conocerle. ¿Sabéis? Su risa es mágica. Cicatriza heridas.

Un beso, no me odiéis por hablar tanto.
Sábado, 17 de Septiembre de 2005 21:31 ;?> Hay 16 comentarios.

22/09/2005

Cinema Paradiso

envuelto por la fragilidad (Gali).jpg

... Hay una canción de Cinema Paradiso... que consigue transportarme...
no sé qué me ocurre cada vez que la escucho, que me lleva más allá de mi...
Creo que... me introduzco en tu cuerpo... y voy recorriendo cada rincón...
voy besando tus secretos más íntimos... veo lo que sueñas...
leo lo que piensas... me duermo en lo que sientes...
Al llegar a tu corazón... lo abrazo con ternura...
las notas siguen sonando... y bailo dentro de ti...
y así me quedo como si esos instantes fuesen la eternidad...
Salgo de tu interior mecida en el suspiro de tu risa...
y me paro frente a ti... a mirarte... a enamorarte...
y es aquí... cuando se acaba la música...
y te tengo que dejar...


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Jueves, 22 de Septiembre de 2005 13:20 ;?> Hay 12 comentarios.

25/09/2005

Tiempos de cambios

tiempos de cambios.jpg
Hace unos días, Ligre me dijo que está esperando a que cuente todo aquello que me deja helada. La verdad, no sé a qué se refiere, ni sí lo dice por algo en concreto, pero todos callamos cosas. Siempre.

Creo que se avecinan tiempos de cambios. No me asustan, los espero ansiosamente, porque los últimos meses no han tenido mucho de especiales. Es bueno pararse a pensar qué es lo que no te gusta de tu vida e intentar cambiarlo, porque nadie como uno mismo sabe lo que le conviene.

Cuánto más cambian las cosas, más siguen igual. No sé quién fue el primero el que lo dijo, Shakespeare probablemente, quizá Sting pero de momento es la frase que mejor explica mi momento fatal, mi incapacidad para cambiar. No creo que sea el único...

Cuánto más conozco a las personas, más me doy cuenta de que todos tenemos ese defecto. Quedarnos exactamente igual todo el tiempo que sea posible, quedarnos sin muebles te hace sentir mejor, y si sufres, al menos el dolor es familiar. Porque si sigues esa brizna de esperanza, sales de tu cueva, haces algo inesperado, quién sabe qué otras angustias puede haber fuera. Podría ser aún peor. Mantienes tu “estatus quo”. Eliges el camino que ya conoces y no parece tan malo. No en cuanto a los defectos, no eres un drogadicto, no has matado a nadie, excepto puede que a ti mismo.

Cuando finalmente cambiamos, no creo que sea un terremoto o una explosión, no creo que de repente seamos otra persona. Creo que es más sutil. Algo que la mayoría de la gente no nota, a menos que se fije muchísimo, lo cual, gracias a Dios nunca hace. Pero tú lo notas. En tu interior ese cambio es todo un mundo y esperas que esa sea la personas que vas a ser para siempre. No tener que volver a cambiar nunca
.

Qué cierto es eso de que uno nota el cambio por dentro. Se trata de una pequeñez. A veces se cambia por alguna circunstancia de la vida en la que nos vemos inmersos, sin querer; otras porque no somos felices y nos damos cuenta de que eso sólo depende de nosotros y tenemos que hacer algo; en ocasiones se necesita cambiar para descubrir otras cosas de la vida...

Yo necesito dos cambios sutiles. Uno consiste en ganas por acabar la carrera, y el otro tiene que ver con mis sentimientos.
Los llamo sutiles porque como en el fragmento de la serie Everwood –lo escrito en cursiva- es algo tan insignificante que los demás no lo notan, pero dentro de ti surge un nuevo mundo. No sé qué es lo que ha pasado por mi mente últimamente que me ha hecho fijar esos dos cambios pero... me siento con ánimo de llevarlos a cabo y no puedo hacer otra cosa si no alegrarme. Había perdido el rumbo. Bueno, dos rumbos también. Así que cambiar para mejor, no será malo, ¿verdad?
Domingo, 25 de Septiembre de 2005 00:53 ;?> Hay 10 comentarios.

27/09/2005

¿Qué guardas en tu maleta?

maleta_fox.jpg
En EEUU, una psiquiatra o psicóloga, hace cargar a sus pacientes con una maleta llena de cosas durante todo el día. Cuando van a trabajar, a comprar... siempre les acompaña, porque simula la carga que todos arrastramos del pasado.

A medida que se van recuperando y superando, la carga se hace más ligera, y pueden ir vaciándola poco a poco, hasta que una vez recuperados, tienen que llevar durante un año, unas ASAS de plástico como recordatorio.

¿Cuál es vuestra carga del pasado? Yo ya me voy descargando de todas esas cosas que me impiden ser quien soy, y dejo liberar mi niña interna, siendo cada día un poco más cariñosa. ¿Y vosotros?
Martes, 27 de Septiembre de 2005 12:49 Hay 13 comentarios.

28/09/2005

Pensando para conciliar el sueño...

luna.jpg
Anoche escribí esto sobre las 3 de la mañana. Me hubiera gustado colgarlo, pero blogia no me dejaba. Lo hago ahora.

Llevo unos días que estoy bien, más animada. Después de esos propósitos y ganas de cambios... voy mucho mejor, en serio.

Pero ahora... no puedo dormir. Mi sino, lo de toda la vida.

Me he puesto a leer viejos emails que me ha mandado Ojos Tristes. No sé a qué venía el hacer eso con lo bien que estaba yo, porque sé de sobra que siempre que leo o pienso en ciertas cosas, me pongo tristona...

Cuando era pequeña y no podía dormir, llamaba a mi madre llorando, y ella me calmaba. Me decía que si quería un muñeco, pero yo lo rechazaba, me agobiaba dormir con ellos. Después de haber leído, me quedaban pocas cosas por hacer para intentar conciliar el sueño, y me decía que pensara en cosas bonitas, o cuando nos íbamos a la playa y jugábamos con los primos...

Eso he hecho ahora, pensar en la playa para evitar que él vuelva a aparecer. Justamente en este verano que aún está cerca. Me acuerdo de uno de los días especialmente, cuando Cabecita loca y yo esperábamos a que mi hermana y mi madre terminaran de comprar. Nos pusimos a charlar sobre la película de “El príncipe de las mareas”, que es una de mis favoritas y esa noche la emitían otra vez por televisión. Ella, que es tan expresiva como yo, me contaba emocionada alguna de sus partes, como cuando los protagonistas bailan abrazados... las palabras de Lowestein, Lowestein... y yo añadí esos momentos en la mecedora, o cuando a ella le basta una imagen para saber que algo anda mal.

Esta película, como casi todas las que me gustan, me recuerdan a él. No sé por qué, pero así es. En ese momento, nos quedamos calladas, y empezó a sonar una canción en el dial del local que me encanta “you belong to me” pero cantada por un hombre. Me pareció una casualidad y le dije “ay mira qué canción, ¡¡me encanta!! ¡¡es que es tan bonita...!! ¿¿la conoces??” y me puse a tararearla. Cabecita loca se rió y me dijo “sí, pero no llores”, vaya, yo no lloraba, pero tal vez la emoción de la película me pilló un poco tonta, y se me humedecieron los ojos...

Otro día, al llegar de un viaje, la luna estaba preciosa. Nunca la había visto igual. Ella estaba también conmigo, y mirándola se puso triste acordándose de un amor... Yo miré, y me quedé un tiempo parada observándola. No sé qué me gustaba más, si la luna llena o el reflejo que dejaba en el mar, y claro... era inevitable que él estuviera en esos momentos en mi mente. Siempre él, él siempre. Pero rápidamente aparté la mirada, no quería que Cabecita loca me notara algo rara, emocionada o pensativa.

Unos días después, me inventé una excusa tonta para ir al ciber y hablar con él. Cuando me despedía después de un tiempo de charla, le comenté si había visto la luna la noche anterior -fue algo para recordar de lo bonita que estaba-. Y me dijo que sí, pero que le resultaba extraño que le preguntara eso, nunca habíamos hablado de la luna. Aquí tomé valor y lancé otra pregunta “¿pensaste en mi?”. Después de un carraspeo... dijo que... sí, que me había paseado por sus pensamientos. Creo que no hubo nadie en el cibercafé que se quedara sin ver mi sonrisilla.... ¡Qué bonito!, una vez más, a pesar de estar tan lejos, nuestros pensamientos habían estado muy próximos.

También me acuerdo, ya en Madrid, que escuchamos Luna y yo una canción en la tele que no habíamos oído nunca. Escuché de principio a fin, estuve atenta a la letra y... volví a emocionarme, decía tanto de mi... Algo así como que siempre, pase lo que pase, le llevaría en su pensamiento. Y de nuevo, al terminar, me volví hacía mi hermana y le dije “¡¡qué bonita!!” y me respondió que no llorara. ¡No lo estaba haciendo! ¿qué pasaba?

Pero la primera vez que me ocurrió algo así fue un día de invierno, en diciembre. Estaba con mi madre mirando regalos de Navidad, y en Fnac vinos un libro sobre enfermedades y su significado. Por aquel entonces, me dolía mucho la espalda, llevaba ya unos meses así, y también tenía dolores en el abdomen. Mi madre leyó en voz alta, pero antes de escucharla ya le estaba diciendo que era una tontería y que no me creería nada de lo que dijera un libro. Pero los dos “males” estaban relacionados con la falta de amor. No sé, todo pasó fugaz por mi mente. Pensé en fracciones de segundo en que tal vez fuese verdad, que me iba haciendo falta tener una persona... yo que soy así... tan cariñosa... romántica... y Ojos Tristes, aunque ya estaba en mi vida, tampoco podía ser... y yo quería que fuera él... Lo deseaba con todas mis fuerzas. Mi madre, que no sabe nada sobre su existencia, me dijo que si estaba bien, que tenía los ojos llorosos –¡qué traicioneros son!-. Y medio en broma medio en serio, me preguntó que si sentía alguna falta en ese terreno, pero más bien se refería al cariño en general. Le contesté que no, que estaba muy contenta y que me sentía querida. Pero sé que fui una cobarde, porque sabía que si le explicaba que la falta era debida a otro tipo de amor, hubiera bastado un simple comentario... leve... para empezar a contarle todas las cosas que me encantan de él. Si es que es...

Y aunque un poco cansada, aún sigo sin sueño. Pero jolín conmigo, sí que me he puesto a recordar estas cosillas que no debía, con lo bien que estaba yo... Bueno, sigo bien, pero... no sé, me da penilla y lo cuento aquí por desahogarme un poco.

Un amigo me dijo un día que, si no podía olvidarle, que luchara por él, que era la otra opción. Me sonó a chino, yo nunca he luchado por casi nada –quitando los estudios- y me di cuenta de que no sabía luchar. Me dediqué a estar, simplemente a estar. Porque eso está muy claro... no sabemos si algo va a pasar o no, pero lo que sí es seguro es que para que ocurran las cosas, hay que estar. Yo sólo he hecho eso durante todo este tiempo.

El otro día me dice Corazón de León que él no es como yo, que no cree en la media naranja, ni que exista un solo alguien para otro alguien. Que no hay una sola persona para cada uno, sino que hay varias. Bueno... no sé si le alegrará saber que seguimos de acuerdo, porque yo tampoco lo creo. Debe haber muchas más personas afines a nosotros. Pero más bien... me conviene pensar eso, porque de no ser así, significaría, que yo he perdido a mi persona...

Me voy a la cama. Es tarde.
Miércoles, 28 de Septiembre de 2005 10:35 ;?> Hay 10 comentarios.

30/09/2005

Cinco sobre tres

cinco sobre tres.jpg
1.- Tres logros de los que te sientas orgullosa.
Puff, me acabo de dar cuenta de los pocos logros que tengo... Por ejemplo... me siento orgullosa de haber llegado hasta donde estoy en la carrera. Sé que podría haberla llevado mejor para poder sentir así otro tipo de orgullo, el haberlo hecho bien desde el principio. Pero bueno, no me quejo, tampoco voy tan mal.

Otro logro que cada vez consigo con más frecuencia, es el calar tanto en la gente -como estamos entre amigos y me conocéis, sé que esto no lo tomaréis como un punto de chulería por mi parte-. Alucino con esto, porque cuando caigo bien a alguien, dicen que les hago sentir muy a gusto a mi lado. Es algo que más que llenarme de orgullo, me emociona, y me hace sentir bien conmigo misma. Yo odio estar incómoda con ciertas personas, y si yo procuro evitarlo, lo considero todo un logro, sí. Y también la capacidad que tengo para que la gente me cuente sus cosas, esas que ocultan y no contarían a nadie. Pero no sé, a veces me ha pasado que sin apenas conocerme, me cuentan todo, y luego me dan las gracias por no juzgarles y por haberles escuchado.

Madre mía... no se me ocurren más cosas... Bueno, sí, lo de transmitir con las palabras y no sólo escritas, sino también cuando hablo. Eso me lo habéis dicho vosotros por aquí, pero mis amigas, cara a cara, también.

(Espero que no suene este primer punto muy egocéntrico...).

2.- Tres manías.
¿¿Sólo tres?? Jeje. Es que tengo tantas... jajajaja. Soy muy muy virgo, o sea, detallista, puntillosa, ordenada...

Por ejemplo en los estudios... me es imposible estudiar sin haberme lavado los dientes antes. Pero imposible, ¿eh? Y nunca puedo comer nada, ni caramelo ni chicle. Si no, a lavármelos de nuevo. También me molestan toda clase de ruidos porque me despistan.

Cuando me compro un libro, a todos, absolutamente a todos, les pongo mi nombre y mis dos apellidos.

Soy de ideas fijas. Siempre llevo el reloj en la muñeca derecha y un anillo en el dedo anular de la mano izquierda.

Ya está, eran sólo tres, pero mi día está plagado de manías.

3.- Tres títulos de novela que recomiendas.
Creo que ya he recomendado alguna vez. Como libro sensible, “Mi planta de naranja lima” de José Mauro de Vasconcelos. Como novela histórica, “Chamán” de Noah Gordon, que además es muy tierno. Y un tercero... “El príncipe de las mareas” o “La esposa del dios del fuego” de Amy Tan, porque me encantan los libros en los que mezclan el presente y las vivencias del pasado. Y si encima tienen parte romántica, mejor que mejor.

4.- Tres cosas que deberías escuchar.
No me quiero morir sin haber escuchado la voz de alguna que otra persona de esa listita de bloggeros.

Que un médico me diga ¡estás embarazada! y yo querer, claro. Creo que debe ser una de las mejores noticias que se pueden oír si se está plenamente convencido de que es lo que se quiere. Yo por ahora no, pero sé que en un futuro será uno de mis sueños.

Creo que todo el mundo debería escuchar o por lo menos que lo diga el silencio, que eres especial. Pero todos los días de nuestra vida.

(Jolín, qué difícil esto).

5.- Tres formas de describir tu personalidad.
Jobar... no sé por qué me pondré a hacer las cinco del viernes, luego me cuesta un montón. A ver... esta última pregunta, creo que la deberían contestar quienes me conocen.

Los que más se han molestado en saber cómo soy, serán los más fieles a mi verdadera personalidad. Sabrán que me callo muchas cosas, que me cuesta contar lo que me ronda por la cabeza. Que soy más cariñosa de lo que en realidad aparento ser, que soy muy entregada, y que me tomo las cosas muy a pecho (casi demasiado). Que todo lo hago personal y muy mío. Creo lazos invisibles con las cosas que me llegan y me meto muy adentro a las personas a las que quiero. Soy extremadamente sensible y me duelen mucho las malas maneras cuando me dicen algo.

Los que sólo me conocéis por aquí, no me describiríais como una persona fuerte o dura, cosa que puedo aparentar en la vida real. Tampoco diríais que no hablo de sentimientos, porque por aquí no paro... No sabéis lo exigente que puedo llegar a ser... ni que me moleste tanto la indiferencia o las pocas ganas con las que actúan los de mi alrededor. Eso me supera.

Y los que no me conocen como kamala, sino como soy al exterior, no sabrán por ejemplo, que me encanta leer todo aquello que tenga que ver con la sensibilidad. No sabrán que me afectan muchos de sus comportamientos y que no se lo digo. Saben que soy sincera, pero piensan que digo todo lo que se me pasa por la cabeza, cuando no es así. No han descubierto mi mal humor, porque generalmente, no me enfado mucho con personas que no conozco. Soy diplomática y sé estar, pero a veces, con los del primer grupo que me conocen tan bien, pierdo los papeles. Estos mismos saben que sé pedir perdón, y cuando lo hago, es de todo corazón...

No sé... creo que no con todas las personas nos mostramos igual. Por eso he puesto esa foto.

Un beso.
Viernes, 30 de Septiembre de 2005 13:20 ;?> Hay 8 comentarios.




kamala in Patmos

No me pidas que te deje ni que te dé la espalda. Iré donde tú vayas, me quedaré donde estés. Tu gente será la mía, tu Dios mi Dios. Y nada excepto la muerte, podrá separarnos.

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